El privilegio de contar. Entrevista con Joaquín Bestard Vázquez

Publicado el martes 11 de marzo de 2008

Página 1. Sección Cultura.

Diario POR ESTO!, Yucatán.

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I

Hoy martes a las 19 horas, en el Salón del Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Yucatán, el escritor yucateco Joaquín Bestard Vázquez recibirá la distinción como Miembro Honorario de la Cátedra Extraordinaria Nuestra América con motivo de su larga trayectoria novelística pero sobre todo por la invaluable aportación de su obra narrativa a la cultura e identidad latinoamericanas.

El maestro Bestard Vázquez, nacido en 1935, lleva hasta la fecha más de 20 novelas publicadas así como un sinfín de cuentos, algunos de los cuales, han visto luz de manera inédita en las páginas del suplemento científico y cultural Unicornio y la sección de Cultura de este periódico.

El valor de su novela trasciende al regionalismo para encontrar su universalidad en temas de índole social, no obstante, su aporte al conocimiento y difusión de la Cultura Maya, han sido objeto de reconocimiento internacional.

El propio autor nos comenta: lo que he escrito sobre Yucatán es exactamente lo que pasó en toda Latinoamérica desde la Conquista, son los mismos problemas que hemos afrontado, las mismas guerras, la misma disparidad social…

La decisión de narrar este leitmotiv latinoamericano no fue al azar, detrás hubo un proceso de asimilación, de apreciación de las circunstancias. Don Joaquín Bestard viajó desde muy joven a la Ciudad de México para continuar con sus estudios en Ingeniería. Nunca pensé ser escritor cuando me fui a la capital, confiesa, no obstante el vínculo que ya tenía a través de la pintura con el arte lo iba a encaminar a un destino irreversible: la escritura.

Un plan sexenal

“¡Qué, te vas a volver escritor, ´tas loco Joaquín, despierta,´tas loco!”. A miles de metros de altura, en pleno vuelo de Mexicana de Aviación sobre el Valle de México, así fue la airada reacción de un compañero de trabajo de Joaquín Bestard cuando éste anunció que había decidido ser escritor.

Don Joaquín nos cuenta que el salto de la pintura a la escritura se dio por la necesidad de expresar otras cosas que el lienzo no le permitía. Nos cuenta en sus palabras: de repente sentía ciertos límites en la pintura, quizás el tamaño del cuadro, el color… en cambio, encontraba en la literatura más amplitud, más campo para poder hacer barbaridad y media.

Una noche que estaba trabajando en una compañía particular, en un décimo piso donde veía toda la Ciudad de México, me cuestioné: ¿qué hago en este banco haciendo trabajos de ingeniería en un restirador? yo no estoy para esto, yo quiero ser escritor, voy a ser escritor. Fue así que Don Joaquín comenzó un largo peregrinar hacia la escritura. Primero, confiesa que compró un par de libros de autores españoles que están hechos para aprender a escribir, pero advierte no sirvieron de nada. Luego, intentó relacionarse con algunos escritores, sin embargo, su juventud fue objeto de rechazo.

Encontré un amigo de mi edad, un gran poeta. Durante siete años nos dio un taller en su casa, nos reuníamos ahí desde la tarde hasta la madrugada tomando café y dale, dale, dale, y dale a nuestra escritura. A él le debo mucho porque no sólo dio consejos sobre la manera de escribir sino también de cómo debe ser un escritor, cómo debe enfrentar la soledad de este oficio (tema que se abordará en la segunda parte de esta entrevista).

Fue así que el joven Bestard dio inicio a una nueva faceta de su vida además de su carrera profesional. Con un trasfondo de mafias literarias concentradas en la capital del país, el recorrido parecía infranqueable, lúgubre para un Ingeniero que había decidido continuar su paso por el arte, después de la pintura, siendo novelista.

La disciplina aprendida en sus primeros contactos fue determinante. Su trabajo lo orilló a escribir por las noches aunque como él señala, las ideas se gestaban durante el día. Un escritor no lo es nada más en el momento cuando escribe, lo es las 24 horas. Así que era mientras trabajaba que las ideas venían a mi mente y las anotaba en cualquier papelito, incluso en boletos de camión.  

El panorama adverso al que tuvo que enfrentarse llevó al escritor en ciernes a concretar un plan de trabajo, y de vida a final de cuentas. Don Joaquín recuerda el año, 1961, porque fue el mismo cuando Nikita Kruschev presentó su plan sexenal para la Unión soviética. Ese día se dijo a sí mismo que si en los próximos seis años no escribía y publicaba una novela, su futuro como escritor se vería comprometido.

En 1966 la editorial Costa Amic publicó la primera novela de Joaquín Bestard Vázquez en la Ciudad de México. El título: Un tigre con ojos de jade.

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Resucitar a la novela

Cuenta Don Joaquín que la cercanía entre los novelistas de su generación con la de Carlos Fuentes ocasionó una lucha extraliteraria pero que a final de cuentas tenía que librarse desde la misma literatura. Las mafias establecidas crearon un muro de la ignominia, como él declara, que impedía los espacios propicios para la publicación de los jóvenes escritores.

A nosotros se nos negó ese privilegio de tener lugar. Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Luis Cuevas no dejaban pasar pero ni el aire, menos a nosotros que éramos la generación que le seguía. Entonces dijimos, “si no nos dejan pasar por arriba vamos a escarbar por abajo el muro de la ignominia”, como le llamamos. Y así pasamos por abajo…

A mí me tocó ver en la Ciudad de México el velorio y el sepelio por el Paseo de Reforma, desde del Palacio de Bellas Artes hasta un panteón que no recuerdo, de la muerte de la novela mexicana. Pusieron cuatro cirios y en medio, en una caja, la última novela de Carlos Fuentes; todos la velaron ahí, Juan García Ponce estuvo, también algunos políticos, todos velaron la novela y hasta ahí llegaba la literatura mexicana, “se había acabado” según ellos.

— ¿Quiénes mataron a la novela?

–  Ellos mismos, la asesinaron precisamente para que no siguiera viviendo, entonces nosotros teníamos que resucitar y crear un Frankestein que los espantara. De ahí que empezamos a crear un estilo a veces complicado incluso para el escritor porque no queríamos que cayeran los libros en manos de políticos u otras autoridades que censuraban. No había libertad de prensa en esa época. Cualquier frase podría malinterpretarse como en otros tiempos y además había un grupo que eran Las damas de las buenas concienciasque por ejemplo, un día descubrieron que Diana la cazadora estaba desnuda y pidieron que la bajaran y que le pusieran un traje. Después se dieron cuenta de que otras estatuas estaban en poses eróticas, y desaparecieron, quién sabe que hicieron de ellas.

— ¿Su generación, este grupo que ustedes conformaban, tenía algún nombre?

No, no quisimos. Éramos amigos, tallereábamos y hablábamos sobre cuestiones literarias, éramos enemigos de ir a tomar café, enemigos jurados de las drogas; el alcohol, a veces tomábamos las cervezas y nada más… éramos quizá un poco antisociales y demasiado socialistas, sin llegar a ser comunistas, pero sí teníamos idea de lo que íbamos a hacer y lo que íbamos a hacer era emprender un milagro, un verdadero milagro si cumplíamos nuestras metas.

— ¿Se cumplieron?

Si, yo creo que en todo lo cumplimos. Todos maduramos perfectamente y todos hicimos nuestra labor de tirar la muralla esa que nos habían puesto. Todos hicimos de nuestros lugares de origen, nuestra trinchera.

Joaquín Bestard Vázquez precisa, sin embargo, que en ningún momento su generación buscó que sus acciones fueran documentadas eso hubiera sido caer en lo mismo contra lo que luchamos, advierte. El compromiso que se fijaron, si bien fue una idea compartida de generación, más que nada era un compromiso personal de hacer literatura como el objetivo primordial de su quehacer literario. De ahí que de su primera publicación en 1966 a la fecha, siga publicando libros. El último, la novela Mujer, mujer divina, presentado en la primera semana de enero del 2008. Don Joaquín cuenta ya con 27 libros publicados, más de 300 cuentos, lo que hace un total de más de 20, 000 cuartillas según sus propias aproximaciones. No cabe duda que el tesón y la disciplina del novelista sobrepasó con creces el muro de la ignominia.

Luego de que las editoriales de México les pidieran crear la nueva novela urbana, que hablara sobre el Distrito Federal (Joaquín Bestard participó con “La calle que todos olvidan”) fue necesario un cambio.

Llegó un momento en que dijimosno se puede hacer nada aquí en México, hay que irnos a las provincias para empezar a escribir sobre ella y olvidarnos de la capital”.

Vinimos a nuestras provincias a crear la novela aquí y sobre todo para abrir talleres (todo el grupo a dado talleres en sus lugares de origen) con la idea de que el escritor ya no se tenga que ir a México para hacerse escritor. Esto porque de antes esa era la idea, el que no iba a la capital a respirar esmog no se volvía escritor. Entonces todos tenían que ir para ver si la mafia les hacía un huequito, les tiraba un huesito…

Detalla Don Joaquín que antes se decía que para ser universales había que hablar de la Ciudad de México, pero él aclara: lo universal se encuentra hasta en el pueblito más chico. Ahí está Gabriel García Márquez, ahí está Juan Rulfo como claros ejemplos.

(Continuará)

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La soledad del novelista: el sabio consejo de Don Maximito Koyoc

Entrevista a Joaquín Bestard Vázquez

Publicado el miércoles 12 de marzo de 2008

Página 1. Sección Cultura

II y última

Con el regreso de los escritores a la provincia, entre ellos Joaquín Bestard Vázquez a Yucatán, la novela, más allá de su anunciada decadencia recobró el aliento y sedición que la caracteriza. El retorno, sin embargo, no fue nada fácil. El mismo autor nos explica: cuando regreso a Yucatán veo que se había formado una elite de escritores que rechazaba a los demás. Fue muy duro para mí, primero el cambio y después tratar de sacar la cabeza aquí y respirar; mis escritos sobre la capital me los rechazaron totalmente. 

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La persistencia aprendida durante sus primeros años de formación impulsó a Joaquín Bestard a continuar escribiendo desde los preceptos de su generación cuya misión se había concretado por una parte, al regresar a sus respectivos Estados, pero por otra, faltaba el trabajo difícil: novelar desde provincia.

Bestard, en su rol de Ingeniero hidráulico, tuvo la oportunidad de viajar por los pueblos de Yucatán, incluso llegando a conocer los lugares más recónditos. Su labor consistió en instalar una red de estaciones meteorológicas en el Sureste.

Cuando llegué nada más habían cinco estaciones en todo el Estado. Cuando me jubilé hace 10 años más o menos, dejé 120. Algunas veces, donde me tocaba llegar, la estructura estaba quebrada, por lo que tenía que levantarla de nuevo… todo lo que es mi vida ha sido retos. Es como se debe de vivir, yo creo, teniendo retos, teniendo ilusiones para ir venciendo todo lo que le va echando la vida a uno para que tropiece y caiga

Declaración de guerra

La constante movilidad de Joaquín Bestard no sólo por el país sino al interior del Estado, aunado a su agudeza auditiva y capacidad de observación, permitió que registrara las múltiples voces que cohabitan en México, principalmente en nuestra Península, dotando a su novela de una polifonía sin igual.

De la misma forma sus personajes (Tío Ueto, Colitos, Escolástico, Chole, entre muchos más) parecen encontrar su síntesis en uno de ellos, Maximito Koyoc, quien desde la literatura se ha convertido en un referente de nuestra cotidianeidad.

— Maximito Koyoc ha tomado una fuerte presencia, pero ¿ha sido en Beyhualé o en Yucatán?

No, en Yucatán… Me dicen personas como la Dra. Ramayo que ha estado en varios pueblos y que de repente ha oído:oye, este cuate ya se parece a Maximito Koyocen otro:oye, estos huiros son de Beyhualé, por eso hablan así, por eso están así”…

— ¿Quién es Maximito?

Maximito es la conjunción de una serie de personajes que me he topado en mi vida…

— ¿Y Beyhualé, dónde lo podríamos ubicar… qué es Beyhualé?

Beyhualé es la suma de muchos pueblos. En un primer momento era de todos los pueblos de Yucatán, después fue de todos los pueblos de México, después fue de todos los pueblos americanos y después, a lo último, en 101 años Koyoc”, es de todos los pueblos del mundo, porque por ahí, como por el hoyo de una aguja, pasa todo el mundo, pasan los grandes inventos, las guerras…

Beyhualé sabe que es el único que le declaró la guerra a Hitler. Fue Maximito Koyoc. Claro que con la declaración de guerra quién sabe que habrá hecho Hitler… Y así, han desfilado personajes históricos mundiales, hasta personajes locales muy típicos. Afortunadamente este juego lo han sabido interpretar como tal, porque como me decía Celia Pedrero es que tú debes tener mucho colmillo, porque tú, Joaquín, has hecho una colección de sacos y de trajes para llenar varios rostros”… (risas) así que hay la medida para quien se lo ponga.  

Cabe señalar que en la penúltima novela de Bestard Vázquez, editada el año pasado por Maldonado Editores del Mayab con el título “El eco infame del Cisne”, en el último capítulo sobre el merolico, se hace referencia a un personaje de nombre Joaquín. Llama la atención, no tanto la presencia sino lo que dice este último: “cada vez es más difícil de dar con Beyhualé porque cada día se parece más a los otros pueblos”.

La evidente preocupación de Bestard lo ha llevado a experimentar a lo largo de su narrativa en su afán de preservar las identidades de los pueblos americanos, en concreto, de nuestra cultura maya.

Conciente de las experiencias y lo escuchado en sus múltiple viajes, el mismo escritor nos dice: el tesoro más grande está aquí. Está lo que no se ha tocado, o mejor dicho, se ha mal tocado. No hay nada que rescatar, sino desenterrar. Todo eso está junto al pie de la Ceiba, en las raíces, nada más hay que rascarle tantito y aparecen las cosas, no están perdidas ni nada, están ahí y hay que desenterrarlas. Hay que ir al monte, hay que ir a los pueblos y oír relatos.

Don Joaquín explica que la riqueza de nuestro pasado se encuentra principalmente en la oralidad y de ahí que a ella debamos acudir para conocerla. A mí lo que siempre me preocupó es el habla de todos los lugares, porque para mí el habla representa el estado emocional donde resaltan los valores éticos, morales…

— ¿Cuál cree que sea la importancia de preservar la memoria de nuestra Cultura?

Hay un dicho que dice que el pueblo que no mantiene su cultura,  no cuida su cultura, es dominado hasta por otro más débil, porque no tiene memoria. Debemos saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos.

Doña Chole, la del novelista

A la par de su producción novelística, Joaquín Bestard ha contribuido a la formación de muchos escritores en Yucatán. De manera contraria a lo que vivió en la capital del país, donde las elites culturales y literarias cerraron filas a los nuevos narradores, Bestard asumió el compromiso, junto con su generación, de ser puente generacional. Es así que a su regreso funda el primer Taller Literario de la Universidad Autónoma de Yucatán donde por un lapso de diez años consecutivos (desde 1983) formó a los escritores en ciernes de aquel entonces (entre los que destacan Carolina Luna, Jorge Pech, Víctor Garduño, Cristina Leirana, Celia Pedrero, Luis y Brenda Alcocer, Claudia Sosa y Javier España, entre otros).

Su labor como tallerista, incluso prosiguió con las últimas generaciones (Juan Esteban Chávez, Manuel Iris, Araceli Guerrero, Omar Góngora) al proseguir en el 2000 con un nuevo ciclo que produjo cinco cuadernos con los trabajos realizados bajo el nombre de K´uuxeb. Apenas el año pasado, Joaquín Bestard impartió un taller denominado Yaxché en la Facultad de Economía de la UADY.

El escritor “yucahuach”, como lo tildaron a su regreso a Mérida, enfatiza la importancia de la literatura pero también de la responsabilidad del creador a la hora de escribir por lo que advierte: hay que tomar en serio lo que se está haciendo. Escribir exige mucho sacrificio, no hay que tener piedad con uno mismo, hay que sacrificar, sobre todo cuando se es joven y se quiere ser escritor. Buscar en el medio las historias, es muy importante. Me decían en uno de los talleres que di en la universidad:

– maestro, no se nos ocurrió nada.

vayan ustedes y busquen historias

no, no, no, no encontramos

cómo no van a encontrar si hay 900 000 habitantes que habían en Mérida… hay miles de historias que estaban y están ahí, regadas, que están flotando en el aire todavía

Si la labor del taller es importante, lo es más, como asegura Don Joaquín, la toma de una gran responsabilidad: la de saber enfrentar la soledad de este oficio, la soledad del escritor.

Hay que aprender a convivir el mundo con la soledad… la soledad es muy difícil, Chole. A veces hay que ignorarla, otras hay que salirse para buscar dónde está Chole, dónde está…  “mi Chole, mi Chole”, como decía Cantinflas…

— ¿Cuál es la importancia de la soledad para escribir, Don Joaquín?

Para mí es como la prueba de uno para saber si se va a llegar a serlo o no, porque hay algunos que no soportan eso y han dejado de escribir, y otros, que le han sacado provecho. La literatura, como dicen, es tan celosa, que si uno pierde interés en ella, hay el riesgo de ser abandonado.

— ¿Qué satisfacciones le ha dado la literatura?

Son muchas, de verdad, hablar de una sería injusto. Una es que me dio muy buenos amigos, muy buenos compañeros escritores.

En lo personal quería que el casette nunca se hubiera acabado y por supuesto, que posteriormente la charla tampoco. Don Joaquín Bestard no sólo es ameno en su platica sino sincero en sus palabras y en el deseo ferviente de que la novela en Yucatán prosiga. Tanta es la voluntad del escritor que a la fecha prepara nueva novela, sin mencionar la obra inédita que aún aguarda.

Aprovechen la coyuntura, nos dijo entrometiéndose Don Maximito Koyoc, quien desde el patio nos observaba junto con sus arañas. Chanhuach, sólo sonreía.

Creo sinceramente, luego de saber que existen cátedras de este autor yucateco en otras universidades extranjeras, que las investigaciones literarias se han volcado sobre su narrativa, creo que es tiempo de que se editen las Obras Completa de este extraordinario novelista quien desde su soledad nos ha dicho que desde aquí, desde este Beyhualé del alma donde habitamos todos, también se logra. Mi obra es mi legado hacia la sociedad yucateca y quedará en sus manos, no en las mías.