Internet y las redes sociales

Un signo de nuestro tiempo es el uso de esta red de información mejor conocida como Internet. Su eficiencia en el campo de la comunicación marcó la pauta de los avances tecnológicos y del mundo contemporáneo. La posibilidad de enviar un correo desde México a Rusia en tan solo unos segundos sacudió los métodos tradicionales de mensajería postal sin llegar a desplazarla totalmente. Hoy, miles de empresas públicas y privadas hacen uso diario de esta herramienta facilitadora de procesos informativos.

La posibilidad de que cualquier persona pudiera abrir un espacio cibernético y depositar ahí la información que quisiera contribuyó a que pronto se convirtiera en una imprescindible herramienta. Fue necesario incluso crear mecanismos de búsqueda eficientes que ayudaran a filtrar tantos datos. Así surgió Google, por ejemplo.

Se habló entonces de un verdadero entorno democrático. Los blogs se convirtieron en sitios novedosos para conocer de primera mano otras perspectivas, o bien, curiosear en vidas ajenas.

Internet fue un atractivo mundial, tanto para particulares como para grandes empresas que idearon la mejor manera de sacar provecho económico. Surgieron páginas web con información condicionada a un pago monetario. El comercio desplazó sus estrategias de venta hacia el nuevo espacio. La pornografía, tan cautelosa hasta entonces en su difusión, se masificó de manera incluso criminal. Bajo el concepto de espacio democrático, todo fue permitido.

A la par de bibliotecas virtuales, museos interactivos, periódicos y gacetas culturales, surgieron webs apócrifas con información poco o nada sustentada. Los buscadores a su vez se volvieron una herramienta perfecta para comercializar servicios, y desde entonces, para llegar a cualquier información en la Internet, antes es necesario pasar por un alud de publicidad de todo tipo.

Mientras muchas personas tuvieron que aprender a utilizar el correo electrónico, indagar en motores de búsqueda, encariñarse, aunque sea a regañadientes, con Google, Yahoo y MSN, las recientes generaciones nacieron con el @ en la frente: para ellos la computadora e Internet siempre han existido.

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Bajo la simulación de “humanizar la internet” surgieron también las redes sociales y con ellas la banalización de la Internet. Facebook, Myspace, Google Plus y otras redes sociales aparecieron para extender nuestros círculos de amistad. No sé en qué medida se haya cumplido el fin. Basta observar Facebook para darse cuenta que existe un verdadero trasfondo comercial que lo mantiene.

Sus constantes cambios desde su aparición han derivado en el uso y abuso de la imagen. La reciente actualización de la plataforma del Facebook, por ejemplo, da prioridad a las fotografías de los usuarios dejando atrás comentarios o cualquier información escrita.

Sobra decir que tanta ha sido la influencia del Facebook en la sociedad que hoy en día cada vez que una cámara fotográfica se activa alguien inmediatamente posa a sabiendas de que será visto en el Facebook a las pocas horas, sino minutos. 

Observe bien: la pose en cada fotografía del Facebook es la misma. El mismo gesto, la misma mano a la cadera, el mismo rostro como en un orgasmo suspendido (si usted es usuario del Facebook sabrá de lo que estoy hablando). Es fatídico. Junto a todo esto, los constantes comerciales de productos inverosímiles y la ocupación que los políticos han hecho de estos espacios antes privados y ahora globalizados hasta más no poder.

Compartir algo en el Facebook es un vano intento de trascendencia. Es falsificar la vida, lo cotidiano, y trivializar sobre todo el presente. Más que consolidar las relaciones sociales Facebook fragmenta y colectiviza la soledad de quien finge una imagen de sí mismo. Quien habla y postea en el Facebook no es otro que el ego mismo.

La Internet pareciera se ha limitado a las redes sociales y al correo electrónico, como si tal fuera su inminente destino. Pero más que creer en el destino, y supeditarnos a él, lo que habría que analizar son las diferentes compañías que están controlando y creando nuestras necesidades. ¿Por qué estamos arraigados a una plataforma como Facebook? ¿Por qué pareciera que la Internet sólo es entretenimiento?

La adicción nos lleva a justificar nuestra entrega al Facebook, al Twitter y a todas estas plataformas destinadas a trivializar la Internet. ¿Seremos capaces de cerrar nuestras cuentas y ocuparnos en buscar nuevos contenidos en nuestras vidas?

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