Volver a tierra

 

No extraño el mar. Ni ese viejo armatoste a la deriva.

Vuelvo a tierra en las condiciones más confusas.

La gente a mi lado me recuerda lo irracional que soy

lejos de las olas, el viento, y la ardua tarea

de mirar las estrellas para no perderse nunca.

 

Lejos de todo y de mí mismo, ninguna brújula despeja

la incógnita que frente a mí se yergue

por el solo hecho de estar vivo. Y bueno,

 

escribo, porque como aquel otro marino

de tantos nombres dijo, esta es también

mi única manera de estar solo.