El oscuro bosque oscuro de Volpi

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Había una vez, cerca de un oscuro país oscuro, un escritor que decidió narrar los horrores de nuestra historia. Que tomó un puñado de cuentos de los hermanos Grimm y los entrelazó con una de las etapas más violentas de la historia como lo fue el nazismo y el exterminio judío.

Jorge Volpi vuelve a conmocionarnos con su más reciente novela “Oscuro bosque oscuro” ahora publicado por la editorial oaxaqueña Almadía. El escritor no sólo regresa a uno de los temas de su primera novela que lo dio a conocer fuera de México (“En busca de Klingsor”, 1999) sino que lo hace rompiendo las estructuras propias de la narrativa ofreciendo una historia contada en verso libre.

Ya en su anterior novela “El jardín devastado” (2008) nos había dejado una muestra de su capacidad de síntesis y exactitud narrativas, contrastantes con su primera trilogía de libros que rebasaban las 400 páginas en promedio. Ahora breve y preciso, lírico y contundente, Volpi entreteje unas de las mejores ficciones escritas en los últimos años.

“Oscuro bosque oscuro” es la historia de un batallón de policía conformado por civiles que por la edad avanzada no fueron enlistados para combatir en el frente de guerra. Se trata de obreros y trabajadores de un puerto que son convocados para una misión especial en los territorios ocupados, tarea que marcará sus vidas y que los convertirá de ciudadanos comunes en verdaderos villanos de cualquier cuento de hadas.

Destaca, precisamente, la inclusión de los cuentos de Wilhelm y Jacob Grimm. Todos estos relatos (muy conocidos por la comercialización –y tergiversación– que de ellos hizo Disney) en esencia son cuentos tradicionales germánicos que los hermanos Grimm recopilaron en el siglo XIX y que contenían enseñanzas milenarias que eran transmitidas de generación en generación.

Por su naturaleza, esas historias (posteriormente dulcificadas) incluyen episodios realmente violentos que encuentran afinidad con el relato de Volpi. Ejemplo de lo anterior puede verse en la evolución de los protagonistas, como es el caso de Erno Satrin, quien antes de su reclutamiento fungía como dueño de una fábrica de muñecas, y que con el transcurso de las cruentas misiones se vuelve un ser misterioso que acecha infantes en el oscuro bosque y que, por supuesto, los devora.

En el marco de esta narración lírica pero fatalista, los relatos adquieren nuevas connotaciones como es el caso del cuento “Hansel y Gretel” y la referencia a los hornos donde los niños eran ‘cocinados’. La gran diferencia entre la novela de Volpi y los cuentos de los hermanos Grimm es que la primera dista de finales felices.

Otro punto que destaca de “Oscuro bosque oscuro” es la inclusión del lector como personaje de la trama. El autor se dirige al lector y lo recluta en el mismo Batallón 303 de la policía de reserva. “La patria te necesita, / lees en uno de los carteles y descubres / que no hay alternativa, / lector: te habla a ti.”

Desde ese instante el lector experimenta junto al resto de los protagonistas la degradación humana que representa cumplir misiones como las que el Batallón 303 tuvo que realizar antes de su disolución. El lector no sólo es testigo sino participe de la matanza. El lector, como Luk Embeler, “es sólo ya una máquina, un autómata”. Al final de la guerra ninguno de los protagonistas podrá retomar el curso de sus vidas.

La síntesis y figuras literarias utilizadas para los versos hacen que cada una de las acciones narradas encuentren una dimensión extraordinaria y muy diferente a la prosa acostumbrada de Jorge Volpi. En esta medida “Oscuro bosque oscuro” se vuelve una de las obras más destacadas de este autor mexicano y una bofetada con guante blanco –maestría auténtica de la ficción– para todos sus detractores.

Manuel J. Tejada Loría

Lunes 28 de septiembre 2009

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