Canto a la autonomía

Inspirado por el mural del Salón del Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Yucatán, cuya autoría es del Maestro Manuel Lizama, el poeta Luis Alvarado Alonzo, escribió en 1974 –año de gran efervescencia social ante el asesinato de Efraín Calderón Lara “El Charras”– el poema “A ti, que todo lo mereces”, con el cual obtuvo el primer lugar de los Juegos Florales convocados por la Federación Estudiantil Universitaria ese mismo año.

Cuatro décadas después, con motivo de la edición especial de este poema por el aniversario de la fundación de la Universidad Autónoma de Yucatán, es que podemos acceder a la cadencia de sus versos libres, y vislumbrar el espíritu reflexivo del hablante lírico, que, como en el mural de Lizama, hace un recorrido artístico de la “Evolución de la Educación Superior en Yucatán”.

Me detengo un instante para observar el cúmulo de emociones latentes a lo largo del poema de Alvarado Alonzo, donde se percibe ante todo, la tenacidad de una juventud consciente del momento que le tocó vivir, sin menospreciar las claves del pasado, y conocedor de que sólo en el presente es posible transformar el porvenir.

“Rompo a conciencia / las ataduras preceptivas del metro”, advierte el poeta al inicio del texto; “el canto ha de fluir libre, / con la libertad del viento, / sin que sujeten las sonoras voces / los ritmos académicos”.

Respetuoso de las formas precisas de la cátedra y la ciencia, el hablante lírico –voz universitaria– toma conciencia de la necesaria autonomía que el ser requiere para poder expresarse, asumiendo un rol de mayor participación, una voz universitaria activa, como si ruptura fuera sinónimo de juventud. Aunque lejos del estereotipo de rebeldía sin sentido atribuido a los jóvenes, esta ruptura deviene de una conciencia plena de su lugar en el mundo.

Si bien en el poema encontramos destellos de una sonoridad prometida, y de las que el lector queda siempre a la expectativa (“Cuando en las mañanas frescas / de este solar meridano / explota con dulce ruido una granada de pájaros”), imágenes y sonidos, sin duda, contribuyen al sentido de exaltación constante a lo largo del mismo.

La valía de este poema, sin embargo, recae en el repaso histórico que se manifiesta sobre la conformación de la Universidad Autónoma de Yucatán, y su sentido de belleza se logra de la mano casi didáctica de los diferentes momentos que dieron luz al espíritu de la Alma Mater.

“De colegio cristiano / donde el dogma religioso / intentó aherrojar la ciencia / enfatizando lo divino, / marginando lo humano, / avanzaste hasta ser el viejo abuelo: / ¡El Instituto Literario!”; prosigue el discurso poético: “Y luego el colofón; / de esas raíces / mestizas, pero siempre universales / surgiste airosa por acuerdo / del progreso encarnado en gobernante: / ¡Felipe Carrillo Puerto!”

 Es evidente el orgullo de la voz poética dirigiéndose a su Alma Mater, pero también a los universitarios, su esencia primigenia: “Que el joven de todas las edades / cante a tu gloria, a tu esplendor / y grabe / en la profundidad de su conciencia / tu vida perdurable / que le dio a conocer técnicas nuevas / abriéndole las puertas de la ciencia.”

“A ti, que todo lo mereces”, de Luis Alvarado Alonzo, es un canto de puntual recordatorio sobre la relevancia de la Universidad y su autonomía en un marco social y democrático. Cuarenta años después, una lectura del mismo, hace surgir reflexiones inevitables sobre la profundidad de nuestras conciencias en torno al panorama universitario.

Quizá como el mismo autor señala, habría que volver a la obra pictórica del Maestro Manuel Lizama, al mural del Salón del Consejo Universitario, para recordar “cuál es el compromiso de cada universitario y el porqué de nuestra mentalidad de servir a una sociedad que nos espera y nos necesita”.

mural

El mural de Manuel Lizama, en la profundidad de nuestra conciencia.