La soledad del novelista: el sabio consejo de Don Maximito Koyoc

Entrevista a Joaquín Bestard Vázquez

Publicado el miércoles 12 de marzo de 2008

Página 1. Sección Cultura

II y última

Con el regreso de los escritores a la provincia, entre ellos Joaquín Bestard Vázquez a Yucatán, la novela, más allá de su anunciada decadencia recobró el aliento y sedición que la caracteriza. El retorno, sin embargo, no fue nada fácil. El mismo autor nos explica: cuando regreso a Yucatán veo que se había formado una elite de escritores que rechazaba a los demás. Fue muy duro para mí, primero el cambio y después tratar de sacar la cabeza aquí y respirar; mis escritos sobre la capital me los rechazaron totalmente. 

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La persistencia aprendida durante sus primeros años de formación impulsó a Joaquín Bestard a continuar escribiendo desde los preceptos de su generación cuya misión se había concretado por una parte, al regresar a sus respectivos Estados, pero por otra, faltaba el trabajo difícil: novelar desde provincia.

Bestard, en su rol de Ingeniero hidráulico, tuvo la oportunidad de viajar por los pueblos de Yucatán, incluso llegando a conocer los lugares más recónditos. Su labor consistió en instalar una red de estaciones meteorológicas en el Sureste.

Cuando llegué nada más habían cinco estaciones en todo el Estado. Cuando me jubilé hace 10 años más o menos, dejé 120. Algunas veces, donde me tocaba llegar, la estructura estaba quebrada, por lo que tenía que levantarla de nuevo… todo lo que es mi vida ha sido retos. Es como se debe de vivir, yo creo, teniendo retos, teniendo ilusiones para ir venciendo todo lo que le va echando la vida a uno para que tropiece y caiga

Declaración de guerra

La constante movilidad de Joaquín Bestard no sólo por el país sino al interior del Estado, aunado a su agudeza auditiva y capacidad de observación, permitió que registrara las múltiples voces que cohabitan en México, principalmente en nuestra Península, dotando a su novela de una polifonía sin igual.

De la misma forma sus personajes (Tío Ueto, Colitos, Escolástico, Chole, entre muchos más) parecen encontrar su síntesis en uno de ellos, Maximito Koyoc, quien desde la literatura se ha convertido en un referente de nuestra cotidianeidad.

— Maximito Koyoc ha tomado una fuerte presencia, pero ¿ha sido en Beyhualé o en Yucatán?

No, en Yucatán… Me dicen personas como la Dra. Ramayo que ha estado en varios pueblos y que de repente ha oído:oye, este cuate ya se parece a Maximito Koyocen otro:oye, estos huiros son de Beyhualé, por eso hablan así, por eso están así”…

— ¿Quién es Maximito?

Maximito es la conjunción de una serie de personajes que me he topado en mi vida…

— ¿Y Beyhualé, dónde lo podríamos ubicar… qué es Beyhualé?

Beyhualé es la suma de muchos pueblos. En un primer momento era de todos los pueblos de Yucatán, después fue de todos los pueblos de México, después fue de todos los pueblos americanos y después, a lo último, en 101 años Koyoc”, es de todos los pueblos del mundo, porque por ahí, como por el hoyo de una aguja, pasa todo el mundo, pasan los grandes inventos, las guerras…

Beyhualé sabe que es el único que le declaró la guerra a Hitler. Fue Maximito Koyoc. Claro que con la declaración de guerra quién sabe que habrá hecho Hitler… Y así, han desfilado personajes históricos mundiales, hasta personajes locales muy típicos. Afortunadamente este juego lo han sabido interpretar como tal, porque como me decía Celia Pedrero es que tú debes tener mucho colmillo, porque tú, Joaquín, has hecho una colección de sacos y de trajes para llenar varios rostros”… (risas) así que hay la medida para quien se lo ponga.  

Cabe señalar que en la penúltima novela de Bestard Vázquez, editada el año pasado por Maldonado Editores del Mayab con el título “El eco infame del Cisne”, en el último capítulo sobre el merolico, se hace referencia a un personaje de nombre Joaquín. Llama la atención, no tanto la presencia sino lo que dice este último: “cada vez es más difícil de dar con Beyhualé porque cada día se parece más a los otros pueblos”.

La evidente preocupación de Bestard lo ha llevado a experimentar a lo largo de su narrativa en su afán de preservar las identidades de los pueblos americanos, en concreto, de nuestra cultura maya.

Conciente de las experiencias y lo escuchado en sus múltiple viajes, el mismo escritor nos dice: el tesoro más grande está aquí. Está lo que no se ha tocado, o mejor dicho, se ha mal tocado. No hay nada que rescatar, sino desenterrar. Todo eso está junto al pie de la Ceiba, en las raíces, nada más hay que rascarle tantito y aparecen las cosas, no están perdidas ni nada, están ahí y hay que desenterrarlas. Hay que ir al monte, hay que ir a los pueblos y oír relatos.

Don Joaquín explica que la riqueza de nuestro pasado se encuentra principalmente en la oralidad y de ahí que a ella debamos acudir para conocerla. A mí lo que siempre me preocupó es el habla de todos los lugares, porque para mí el habla representa el estado emocional donde resaltan los valores éticos, morales…

— ¿Cuál cree que sea la importancia de preservar la memoria de nuestra Cultura?

Hay un dicho que dice que el pueblo que no mantiene su cultura,  no cuida su cultura, es dominado hasta por otro más débil, porque no tiene memoria. Debemos saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos.

Doña Chole, la del novelista

A la par de su producción novelística, Joaquín Bestard ha contribuido a la formación de muchos escritores en Yucatán. De manera contraria a lo que vivió en la capital del país, donde las elites culturales y literarias cerraron filas a los nuevos narradores, Bestard asumió el compromiso, junto con su generación, de ser puente generacional. Es así que a su regreso funda el primer Taller Literario de la Universidad Autónoma de Yucatán donde por un lapso de diez años consecutivos (desde 1983) formó a los escritores en ciernes de aquel entonces (entre los que destacan Carolina Luna, Jorge Pech, Víctor Garduño, Cristina Leirana, Celia Pedrero, Luis y Brenda Alcocer, Claudia Sosa y Javier España, entre otros).

Su labor como tallerista, incluso prosiguió con las últimas generaciones (Juan Esteban Chávez, Manuel Iris, Araceli Guerrero, Omar Góngora) al proseguir en el 2000 con un nuevo ciclo que produjo cinco cuadernos con los trabajos realizados bajo el nombre de K´uuxeb. Apenas el año pasado, Joaquín Bestard impartió un taller denominado Yaxché en la Facultad de Economía de la UADY.

El escritor “yucahuach”, como lo tildaron a su regreso a Mérida, enfatiza la importancia de la literatura pero también de la responsabilidad del creador a la hora de escribir por lo que advierte: hay que tomar en serio lo que se está haciendo. Escribir exige mucho sacrificio, no hay que tener piedad con uno mismo, hay que sacrificar, sobre todo cuando se es joven y se quiere ser escritor. Buscar en el medio las historias, es muy importante. Me decían en uno de los talleres que di en la universidad:

– maestro, no se nos ocurrió nada.

vayan ustedes y busquen historias

no, no, no, no encontramos

cómo no van a encontrar si hay 900 000 habitantes que habían en Mérida… hay miles de historias que estaban y están ahí, regadas, que están flotando en el aire todavía

Si la labor del taller es importante, lo es más, como asegura Don Joaquín, la toma de una gran responsabilidad: la de saber enfrentar la soledad de este oficio, la soledad del escritor.

Hay que aprender a convivir el mundo con la soledad… la soledad es muy difícil, Chole. A veces hay que ignorarla, otras hay que salirse para buscar dónde está Chole, dónde está…  “mi Chole, mi Chole”, como decía Cantinflas…

— ¿Cuál es la importancia de la soledad para escribir, Don Joaquín?

Para mí es como la prueba de uno para saber si se va a llegar a serlo o no, porque hay algunos que no soportan eso y han dejado de escribir, y otros, que le han sacado provecho. La literatura, como dicen, es tan celosa, que si uno pierde interés en ella, hay el riesgo de ser abandonado.

— ¿Qué satisfacciones le ha dado la literatura?

Son muchas, de verdad, hablar de una sería injusto. Una es que me dio muy buenos amigos, muy buenos compañeros escritores.

En lo personal quería que el casette nunca se hubiera acabado y por supuesto, que posteriormente la charla tampoco. Don Joaquín Bestard no sólo es ameno en su platica sino sincero en sus palabras y en el deseo ferviente de que la novela en Yucatán prosiga. Tanta es la voluntad del escritor que a la fecha prepara nueva novela, sin mencionar la obra inédita que aún aguarda.

Aprovechen la coyuntura, nos dijo entrometiéndose Don Maximito Koyoc, quien desde el patio nos observaba junto con sus arañas. Chanhuach, sólo sonreía.

Creo sinceramente, luego de saber que existen cátedras de este autor yucateco en otras universidades extranjeras, que las investigaciones literarias se han volcado sobre su narrativa, creo que es tiempo de que se editen las Obras Completa de este extraordinario novelista quien desde su soledad nos ha dicho que desde aquí, desde este Beyhualé del alma donde habitamos todos, también se logra. Mi obra es mi legado hacia la sociedad yucateca y quedará en sus manos, no en las mías.

Mérida sin acento

Más allá de los elocuentes discursos, o la proyección en medios de comunicación, es necesario que los gobiernos, en todos sus niveles, garanticen con acciones el bienestar ciudadano. A estas alturas, pocos sectores de la sociedad ignoran la incongruencia entre lo que se dice (o en todo caso se anuncia con bombo y platillo), y se hace; por el contrario, cada vez son más recurrentes las demandas públicas que llaman a una significativa acción de las autoridades.

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No toda la responsabilidad debe caer en manos de las instancias gubernamentales. La participación ciudadana es parte trascendental para el buen desarrollo de cualquier nación, estado o ciudad, desde luego, acompañado siempre de una cobertura puntual de las necesidades sociales.

La ciudad de Mérida emprendió desde hace más de una década, un cambio sustancial en su fisonomía. Crece y se amplifica más allá de sus conocidos límites. Miles de vehículos y peatones la transitan diariamente, y muchos más buscan un lugar idóneo para vivir. Se perfila, en pocas palabras, para convertirse en una gran urbe de la región Sureste.

La actual administración en el Ayuntamiento de Mérida ha innovado algunos aspectos, pero ha descuidado muchos más. Entre los nuevos servicios, por ejemplo, se anuncian y ofrecen visitas médicas a personas de la tercera edad, pero por otro, la infraestructura vial presenta una cantidad importante de baches y deterioros como no se había visto antes.

Es cierto, existen opciones (un teléfono y página de internet) para reportar estos hoyos en el asfalto con el objetivo de que sean reparados, y en este sentido, le corresponde a los ciudadanos realizar los reportes, sin embargo, no siempre las personas están al tanto de estas posibilidades, y las autoridades, parecen desviar su atención de este problema que sin duda genera costosas pérdidas a quienes transitan con algún vehículo, así como el peligro que representa para la vialidad.

Decía que parece que cuando los ciudadanos no levantan la voz, las autoridades prefieren bajar la cabeza y pasar desapercibidos, no actuar como tendrían. Es el triste caso de la basura acumulada sobre la calle 72 o Av. Reforma en su cruce con la Av. Cupules, justo detrás del busto de Eligio Ancona y frente al Asilo Celarain. Desde hace varias semanas, sobre el camellón que divide la avenida, se encuentran depositados restos de basura sólida, tales como carcazas de televisores viejos, una silla de inodoro y otras basuras en detrimento de la salud pública y la imagen de la Ciudad.

¿Qué clase de ciudadanos son capaces de dejar la basura en plena calle y sobre todo en avenidas como Reforma? Si no me equivoco, por esa arteria transita el autobús que realiza paseos turísticos por la Ciudad, hay viviendas y un asilo para personas de la tercera edad. Pero, sobre todo, ¿qué autoridad municipal ha permitido que esta irregularidad persista tanto tiempo? ¿Por qué tanta demora en limpiar una de las avenidas más transitadas?

Por eso a veces hay que recibir con cierta precaución los anunciados logros y avances de la Ciudad. Por un lado, sabemos que como ciudadanos aún nos hace falta tener una mayor responsabilidad y participación positiva. Por otro, y en lo que concierne a la administración municipal, el ciudadano de a pie, conoce y sabe que más allá de las coloridas letras de la Ciudad que ahora adornan la plaza grande, hay carencias y demoras en los servicios públicos que aún no permiten que Mérida sea una ciudad moderna y equitativa para todos. Como si le faltara un acento a su nombre. Como si lo que menos importara hoy fuera un servicio público de calidad.

Artículo publicado el 30/08/2016 en Por Esto! http://goo.gl/6Zb4au