Muerte lenta


IMG-20160816-WA0003Que sea viernes, a veces, no dice nada. Hay fines de semana donde el trabajo sigue, continúa como parte de la rutina. Entonces que sea viernes, no dice mucho. Más bien sigue, otro día más. Reparo en la voz de alguien que dice Ya no fumes más. Pero yo fumo, inútilmente, mortalmente; yo sé, fumo para deshacer esta línea por donde transito, procaz.

Hay que ir más despacio.

Con el pulgar, oprimo el botón que permite la salida del gas, y giro, en un mismo movimiento, la piedra que hace la chispa. Surge el fuego con una facilidad insospechada. Lo que milenios atrás fue una tarea titánica, ahora, en un segundo, y el fuego es posible. Con el cigarro entre los labios, acerco el extremo a la nutricia llama que todo lo enciende. Y absorbo, una breve aspiración interna que envuelve la lengua y la cavidad de la boca de humo abarcador. Chispea la punta del cigarro como en mí la certeza de una muerte lenta, dolorosa también, porque hay madrugadas tan frías donde la humedad desciende hasta mis alveolos revolcándolos de dolor hasta el punto de hacerme toser. Y toso, en efecto, imparable, desde mi cama, sacudiéndome abruptamente, fingiendo ver en la oscuridad, y jurándome que debo soltarlo ya, el asfixiante cigarro, esta muerte lenta. Y en esos pensamientos, en esas veleidades prometidas al vacío, es que nuevamente, agotado, vuelvo al sueño, al cansancio, con un dolor estático en el centro del pecho, con un remordimiento que antes de perder la razón, huele a resignación.

Entonces será que al despertar finjo lo soñado y lo vivido la noche atrás. Voy al retrete y mientras de reojo miro mi desordenada figura, repaso los pendientes del día en la oficina. El mismo pensamiento permanecerá frente al tazón del cereal, bajo el chorro tibio de la regadera, frente al espejo mientras atravieso los ojales de la camisa, ante el semáforo en rojo, mientras camino por los pasillos de la oficina saludando con amabilidad, Buenos días, Qué tal, Cómo va todo, y asiento el pulgar en el lector electrónico para registrar mi entrada.

Chispea la punta del cigarro. Una bocanada más. Alguien saluda a lo lejos, pero mi pensamiento no está aquí. He repetido esta rutina los últimos veinte años de mi vida. Soy un fumador contumaz y he de morirme el día menos pensado.

Publicado en POR ESTO! el martes 16 de agosto de 2016: http://goo.gl/reAi7Y

 

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