Crónica de un paréntesis en la bruma


Se abre paréntesis: escucho y observo, un oír que recorre las letras que han surgido en las paredes, un mirar sobre las enredaderas que se desbordan en los muros, en el ojo de agua, que es mar, que es alberca, que es cenote, un oasis en medio de la urbe. Cansado de banquetas y muros sin ventanas, harto del viento que es polvo, calor, aspereza y olvido, Café Flores es un paréntesis en la bruma, una pausa que se advierte y se disfruta.

Roldán Peniche Barrera

Roldán Peniche Barrera

 Ahí está, es Roldán, con sus ochenta años encima, sonriendo. Es él, el hombre de todos los tiempos, en la cita del jueves treinta de abril, un mes tan cruel pero que aquí, entre estas paredes de cristal y letras, muestra su docilidad. Observo también los pasos que coinciden, las voces que confluyen, las miradas que se encuentran. Qué decir de las charlas que surgen sin cortapisa, de los innumerables epígrafes que a lo lejos nos observan y el atento saludo que en ocasiones puede ser epitafio o salvación.

 Advierto también los olores del café y la canela que en espirales de color invaden los rincones y los recuerdos, por no decir que hay evocaciones de montaña y río en los jardines. Por no decir también que hay instantes donde la luz se dobla hasta dejar en penumbras cualquier estancia. Por no decir también que las hojas secas en un maletín evocan el tiempo perdido. Por no decir entonces.

 Y entonces –me preguntan– ¿agua de chaya o café? Y elijo. Así la espera, entre lo amargo y la frescura. De esos ojos en este espacio que mira al mar, qué digo el mar, que mira a la laguna, al cenote, a la selva; Roldán nos hablará de su reciente libro “Dioses Mayas: Historias mitológicas del panteón sagrado”. En la portada reconocemos las ilustraciones de Juan Ramón Chan Alvarado, y recordamos los libros que ambos autores han concebido juntos. Dupla inseparable, dupla necesaria, trazos y letras con idéntico fin.

 En ese mismo espacio – ¿qué mira a la playa garciaponciana? – ya los asistentes ocupan sus lugares. Múltiples generaciones nos damos cita (veinte, treinta, cuatrocientos, como en las historias mitológicas mayas), y es que Roldán, ese hombre de todos los tiempos, polígrafo y universal, es capaz de convocarnos y evocar al mismo tiempo la memoria contenida en los libros sagrados de los mayas.

Tres puntos suspensivos sobre el agua de un océano rectangular

Tres puntos suspensivos

 Ingresa Roldán Peniche Barrera acompañado del profesor Jorge Parra Zapata y la promotora cultural Michele Moreno, artífice de este paréntesis urbano, de este diálogo literario con Roldán. Sin más protocolo que la cordialidad, inicia la alocución del polígrafo yucateco sobre los Dioses Mayas. Y es Roldán un juglar en medio del camino, y somos nosotros, los “oidores” de esas historias de las que provenimos para volvernos a soñar.

 Los aplausos como excepcional lluvia de abril. La recíproca gratitud del autor con los asistentes. La inevitable tertulia en torno a las mitologías que alimentan nuestra imaginación. Todo se conjuga en este paréntesis urbano, por no decir que los “Diálogos Literarios” de Flores Café son una íntima ocasión para acercarse a los libros, a sus autores; por no decir, también, claridad, calma, arrullo y rosa inesperada.

 Ya en despedida. Tres puntos suspensivos sobre el agua de un océano rectangular; la hora que se tuerce sobre las teclas de una Olivetti aposentada; el espíritu inquieto de una taza vacía de café con la huella de unos labios o de un beso; el colibrí suspendido en los olores de un exquisito pan de elote recién horneado (esto consta); un mono con trompeta que ríe, canta y se repite en las ramas del carpe diem; un hombre araña melancólico que prefiere una bachata a un jazz (aquí ya estoy suponiendo);  la solidaridad de los peces en su milenario mutis estereofónico; la pizarra con el menú del día: “ya no va a dolerme el viento” (sigo imaginando); los escalones de entrada (o de salida, como en mi caso); el pequeño cartel con la palabra “flores” antes de irnos; los últimos segundos de esta crónica y mi memoria que llagada invoca: es que estoy volviendo a la bruma diaria, al espesor de la existencia.  

 Y cierro los ojos. Se cierra.

Anuncios

¿Qué piensas? Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s