Sin gravedad. Sobre la resignación y el vacío existencial


A Pepito, el de los chistes

La película “Gravedad” de Alfonso Cuarón es una reflexión cinematográfica del vacío y la resignación. Ubicar a la protagonista Ryan Stone, caracterizada por la actriz Sandra Bullock, en el limbo espacial, sin gravedad, rodeada de oscuridad y silencio, me hace pensar en las existencias grises de millones de personas, amparadas por la rutina, sin disfrute ni frustración.

El caso de la doctora Ryan Stone no es distinto. Con formación científica, la vemos cumplir con cabalidad sus tareas como astronauta. Nadie puede imaginar que en ella, una profesional en su ramo, que incluso llegó al espacio, también cohabita una vida vacía y de resignación.

Es a través de sus diálogos con el astronauta Matt Kowalsky, interpretado por George Clooney, y desde luego, por las acciones de la película misma, que se devela este lado casi inerte de su ser.

El guión, escrito por el mismo Alfonso Cuarón, en colaboración con su hijo Jonás, quien ya anteriormente había demostrado en sus proyectos propios una veta literaria y reflexiva muy intima, permite compaginar a la perfección secuencias de mucha acción con momentos de profundidad.

Aunado a todo esto, la película está cargada de imágenes constantes que hacen referencia a la gestación y al nacimiento, es decir, al inicio o continuidad de la vida.

Un ejemplo es la secuencia de llegada a la primera estación espacial, cuando los protagonistas, casi sin oxígeno y sin gasolina para los propulsores individuales, penden de una cuerda (como si fuera un cordón umbilical). En determinado momento Matt le dice a la Doctora Ryan  que debe soltarse de él (su protector hasta ese momento) para poder salvarse. “Hay que saber cuándo desprenderse”, le advierte.

Inmediatamente después, cuando la astronauta logra ingresar a la estación espacial y consigue volver a respirar de nueva cuenta, la vemos despojarse de su traje de astronauta, librándose de la pesadez que la agobiaba. Sólo hasta entonces –decíamos, un discurso recurrente a través de la imagen– descansa en posición fetal, flotando a millones de kilómetros de la tierra.

Sobreviviente de una catástrofe espacial, y con la escasa posibilidad de volver con vida a la tierra, la Doctora Ryan afronta la decisión de intentar vivir o anticiparse a la muerte. Rodeada del vacío, tanto del espacio exterior como del interior que la agobia, arropada apenas por la resignación de haber perdido a su hija, decide cerrar las válvulas de oxigeno que la mantenían respirando dentro de la nave espacial china.

Pareciera que sólo a través de esta situación límite, la de enfrentar la muerte, y desde luego, de algún modo, morir para ella misma, es que renace el deseo de desprenderse de su trágico pasado, reponerse al desafortunado presente e impulsarse hacia una nueva vida.

gravedad

El final de la película, cargado también de referencias sobre el inicio de la vida, muestra el renacer de la protagonista en la tierra, emergiendo de las aguas profundas, como en algún momento el primer organismo millones de años atrás, aprendiendo a usar las piernas para caminar, asimilando el peso que implica el efecto de la gravedad, y sobre todo, lidiando con la incertidumbre de los primeros pasos.

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