México está en chino


Sin la intención de condenar lo propio ni lo extranjero pero, hay que decirlo, México está en chino. Lo que los medios y redes sociales nos muestran es un lenguaje caótico y de constante contradicción. Desde lo público a lo privado, el presente es un período de tensión y decadencia. Nuestra realidad, insisto, es un lenguaje que pocas veces podemos entender.

Decía: lo público. La visita del presidente chino Xi Jinping a nuestro país. Temas económicos de incumbencia bilateral. Al mismo tiempo que padecemos las constantes alzas a la gasolina en un marco de violencia entre bandas del narcotráfico en la mayor parte de nuestra geografía republicana, y que además, no todos los medios quieren informar.

La visita de Xi Jinping, en cambio, una atracción, un despiste. La pifia del mandatario mexicano al renombrar a su homólogo chino como “Juan Yin Juan Yin” pese al apuntador, al telepromter, a lo escrito en papel. Y bueno, la visita a Yucatán, quizá el último de los Estados del país sin tanto alboroto público evidente.

Chichen Itzá repunta interés como nueva maravilla de la humanidad. Eso es entendible. En este sentido, al menos para los yucatecos, de la visita del presidente chino nos quedó la promoción que los medios internacionales hicieron del sitio arqueológico. México tiene tanto para exportar: belleza natural, tradiciones, nuevas expresiones artísticas, y un patrimonio cultural digno de admiración.

Pero México, también, exporta telenovelas. Televisa mantiene un importante mercado de este rubro en diferentes países. Verónica Castro hablando en ruso, William Levy en portugués. Leo Gómez en cantonés.

Como si se tratara de una nueva maravilla, si no bien para la humanidad pero sí para el sexenio, Televisa fue centro de atención turística para la primera dama china. ¿Un viaje de tantos kilómetros, con una carga importante de connotación política, y las primeras damas terminaron recorriendo los pasillos de Televisa?

Nueva maravilla

Nueva maravilla

Creo que a la larga, nuestra ininteligible realidad (por confusa e incongruente) no se trata de un problema exclusivo de México. Es la sociedad misma, sin distinción de nacionalidad, ideología o creencia, que evidencia una falta de comprensión para con su contexto y tiempo.

Por eso, entonces, estos escenarios contradictorios siguen trivializando nuestra vida política, pública, laboral, y un largo etcétera hasta inmiscuirse en lo privado. Decía: lo privado. Si cualquier mandatario puede equivocarse tantas veces, si el caos prevalece como un orden aceptado, todo entonces es posible.

Alguien podrá afirmar sin desacierto que la sociedad está de cabeza. Que todas las instituciones en las cuales confiamos penden de un hilo muy delgado que no sé cómo llamarlo.

Hoy podemos agonizar por horas en las puertas de un hospital sin recibir ayuda. O bien denunciar un crimen y por hacerlo terminar en la cárcel. He visto a otros emprender un nuevo proyecto por mérito propio y encontrarse con las trabas más insulsas, pesadas y renuentes, muchas de ellas derivadas del ego y la ignominia.

¿Lo percibe? Resulta un lenguaje extraño esta realidad sin diccionario ni traductores.

Está en chino, dirían los antiguos.

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