Cuando nos va en feria


La Filey terminó. Minutos de silencio. Ora pro nobis.
A esta hora habrá muchos lectores/acumuladores de libros muy endeudados. Si compraron a crédito, si pagaron con la de débito, si una buena rebanada de la quincena se fue en comprar-comprar-comprar y no en leer-leer-leer. Un estado de nuevos endeudados ¿lo será de nuevos lectores? 
Paradójico que la primera edición del año pasado desde el punto de vista de la organización, haya superado con creces a esta última que se deslució con los constantes errores técnicos de la Mayamax en el Gran Museo de la Cultura Maya durante los primeros días. Porque para fiascos (humanos y tecnológicos) el del día de la inauguración fue monumental. Pero el público parece aguantarlo todo, he ahí la doble pifia. 
El fomento a la lectura sigue siendo el pretexto perfecto para los y las Alí Babá, sospecho. ¡Ábrete, sésamo! En nombre de la lectura, en nombre de la literatura ¡Ah, cuántas patrañas! De la primera a la segunda feria recién concluida, insisto, cambios y mutaciones, aunque el denominador común –dicen, pese a la asesoría literaria– siguió siendo el ninguneo a los artistas y escritores locales.
Ahora (no sé para qué me pregunto) ¿de dónde saldrá la numeralia apabullante del después? Cincuenta mil visitantes en la primera. Y ahora ¿a cuánto ascenderá la cifra oficial? ¿Se dejarán seducir los medios de comunicación con tantos ceros sin cuestionar nada? Aunque más interesante será conocer el método que fue utilizado para obtener un indicador tan importante, ya que sin mesas de registro para visitantes, ni contadores oficiales de cabezas, creo que todo termina en un tanteo a ojo de buen cubero.
Francia pasó desapercibida de no ser por la réplica de la torre que nos hizo sentir brevemente parisinos. ¡Oh, la lá! decía un elegante matrimonio maravillado por las luces neón mientras degustaba una deliciosa marquesita de queso bola. Porque sin duda alguna el stand más visitado fue la cafetería.
El área de talleres para fomentar la lectura en niños y jóvenes, una vez más, fue lo más destacado. No en cuanto a la infraestructura carcelaria y deprimente que se montó para impartirlos, pero sí por la voluntad de muchos mediadores e instructores que ahí estuvieron partiéndose el lomo. Un reconocimiento a cada uno de ellos. Es vocación.
También destacaron los escenarios donde se ofrecieron espectáculos artísticos de manera constante. Siempre vi personas disfrutando de obras de teatro, música, y multidisciplinarios. Las presentaciones de libros y conferencias, pese a algunos contratiempos, también fueron una carta fuerte, un atractivo que mediáticamente no fue bien manejado por los organizadores e instituciones participantes. Y pifias, pifias enormes, como querer entregar constancias a personas fallecidas como si hubieran asistido.
Para que la Filey logre ser un atractivo turístico faltan varias ediciones y mayor precisión organizativa. Tiene que trascender a sólo ser una mera copia de “Mérida en domingo” pero con libros o un pastiche de otras ferias. Incluso hay que preguntarse lejos de una perspectiva romántica qué obtiene Yucatán con eventos de este tipo. No vi a todas las editoriales yucatecas, por ejemplo ¿de qué se trató entonces? 
La Feria, más allá de poseer una marca registrada, necesita de un rostro y sello propios que aún no se percibe, ni aun teniendo a la UADY de cerca. Es como llegar a una fiesta donde no hubiera anfitrión. Adolece de calidez humana, y en esta medida, la Filey queda a deber hasta al menos exigente. Hoy son mayoría.

Lo que brilló
La gran actuación de Xahíl Espadas en el evento “Para ser amadas, para ser hermosas: Voces de mujeres virtuosas”. Virtuosismo puro.

Lo valioso
La presencia y participación del escritor Wildernain Villegas, hoy el mejor poeta del sureste mexicano. 

Lo desafortunado
Mientras Conaculta destacó la presencia en la Feria de Wildernain Villegas a nivel nacional, la Filey y medios locales, ningunearon. 

Lo feo
Tanto para nada: la Sala Mayamax del Gran Museo de la Cultura Maya no está preparada técnica y humanamente para eventos y espectáculos. La Mayamin le dicen ahora.

Lo peligroso
Carritos de marquesitas en la sala de exposiciones (bajo techo y con sus tanques de gas) entre la gente y a un lado de los libros.

Lo negro
¿La asesoría literaria no debe incluir también una distribución de stands inteligentes, un programa correctamente diseñado destacando por igual a escritores locales, nacionales e internacionales? 

Lo retorcido
El director del museo entró a medio evento y sin respetar al ponente arengó en voz alta perturbando la atención de la concurrencia. Como Juan por su casa. ¿Así, o más exquisito?

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=230926Imagen

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