No habrá buen fin


 

A meter la cuchara: ¿no sé en qué medida el consumo desbocado nos hará mejores como sociedad y como personas en lo individual? ¿Será que acceder a cualquier artículo electrónico con un porcentaje misterioso de rebaja garantizará una mejor calidad de vida? Esta práctica comercial llamada “El buen fin” y que se realiza por segundo año consecutivo nada tiene que ver con beneficiar al ciudadano de a pie. Émulo del “Viernes negro” gringo, nuestra versión mexicana, es del mismo modo, una estafa que ha encontrado legitimidad gubernamental y casi se nos promociona como un beneficio para el desarrollo social.

El colmo de este cinismo es indescriptible y los efectos contrarios de esta práctica quizá no podrán verse al instante pero ahí estarán, más que presentes. Porque antes que nada el salario mínimo en México es un homenaje a la indecencia, al trato poco digno de millones de personas que por más esfuerzo y tiempo invertidos, ganan menos de tres mil pesos mensuales, lo que prácticamente no permite ni siquiera una alimentación digna, un sustento de familia adecuado.

Es una burla que el gobierno en todos sus niveles haya accedido a esta treta comercial, y burdamente haya divido el aguinaldo para que miles de empleados gasten en ofertas baladíes. No están propiciando con este adelanto del aguinaldo un bien común, sino más bien se creará un conflicto entre quienes apenas, con su trabajo diario, alcanzan para sobrevivir.

Porque un porcentaje para quien gana menos de tres salarios mínimos apenas le alcanzará para suspirar por una pantalla LED de televisión expuesta en cualquier casa comercial al 30% de descuento. Jamás lo podrá comprar. Sí en cambio, destinará este porcentaje para pagar alguna deuda por vestido, alimentos, vivienda, y para cuando llegue diciembre, con el resto de su aguinaldo que no será mucho, poco o nada se podrá hacer.

¡Cómo piensan en “Un buen fin”, carajo!

Así que dígame usted, lector, lectora, muy cómodamente sentados sobre su quincena, sobre esa tarjetita de débito, ese plástico a donde va a parar su dinerito que gana con el sudor de su frente, ¿qué va a comprar este “Buen fin”? ¿Estará tranquila cuando esté pagando su IPhone, su MacBook al 40% de descuento? ¿Estaremos felices de gastar nuestro porcentaje de aguinaldo mientras hay gente de la tercera edad abandonada, niños y adolescentes trabajando por las noches (lo he visto, así que no digan que exagero), mujeres maltratadas por el marido, niños y niñas subyugados en las escuelas por el bullying, intolerancia porque un hombre se quiso vestir de mujer?

Estamos verdaderamente muy jodidos. El “Buen fin” es la coronación de la infamia, del consumismo salvaje sobre una sociedad que prefiere antes comprar que comprenderse. Nos hemos vendido al mejor postor que es el capitalismo. Aunque suene atemporal (vemos que no lo es tanto). Hemos regalado nuestra tranquilidad a los intereses moratorios. Y tal vez perdamos hasta la casa.

La oferta es muy atrayente. Pero créame, no habrá buen fin.

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