Un poeta yucateco y el nuevo Nobel de Literatura


Tomas Tranströmer, abraza al poeta mexicano Juan Bañuelos durante el Primer Festival Internacional de Poesía celebrado en Morelia en 1981. Los acompaña el poeta Lasse Söderberg.

En algún momento creí que iba a ser yucateco. Pero no lo fue. El nuevo Nobel de Literatura es un poeta sueco, Tomas Tranströmer. Escritor desconocido para mí hasta entonces, o sea, hasta ayer, pero no para México, según versa en la “Antología del Primer Festival Internacional de Poesía Morelia 1981” editado por Joaquín Mortíz al año siguiente.

Yo era nadie, y no lo digo en un sentido metafórico sino porque faltaban unos meses para mi nacimiento, cuando en aquel agosto del 81, en Morelia, Michoacán, se dieron cita algunos de los poetas más influyentes del mundo y de México. Imaginemos: en un mismo sitio estaban Jorge Luis Borges, Allen Ginsberg, Günter Grass, Vasko Popa, Cintio Vitier, el mismo Tranströmer, junto con Ramón Xirau, Eduardo Langagne, Óscar Oliva, Carlos Montemayor, Elías Nandino, Homero Aridjis, por mencionar unos cuantos que sin duda son legión.

Sé por fuentes cercanas, sobre todo porque fueron testigos de aquellas fechas donde me era imposible estar por el delicado asunto de mi no presencia en el mundo, que el poeta yucateco Roger Campos Munguía asistió a dicho festival en Morelia. De hecho, en la introducción de su poemario “El poeta en el lago” (Ayuntamiento de Mérida, 2008), Campos Munguía da cuenta sobre la amistad que entabló con el poeta Vasko Popa.

En el último párrafo introductorio de ese libro nos enteramos, por ejemplo, de cómo mientras Roger conversaba con Vasko se unieron a la plática los poetas György Somlyó, Ida Vitale, Ramón Xirau, y el ahora Nobel de Literatura Tomas Tranströmer.

No hay duda que el Primer Festival Internacional de Poesía influyó en buena medida sobre muchos de los poetas mexicanos que asistieron aquel verano de 1981, entre ellos Roger Campos Munguía, un caso excepcional en nuestra literatura local por diversos motivos. Seguramente muchas de las lecturas que surgieron a raíz de aquel encuentro pueden verse plasmadas en su poesía.

Paradójicamente Campos Munguía es un poeta que mi generación y las siguientes conocen muy poco, principalmente porque se ha mantenido al margen de la vida literaria local. Qué nutritivo sería conocer de su propia voz, un poco más sobre la experiencia de aquel agosto de 1981 en Morelia, de este nuevo poeta sueco laureado con el Nobel que él seguramente conoció, escuchó y leyó desde entonces. Porque si alguien está celebrando la distinción al poeta Tomas Tranströmer seguramente es él.

No está de más afirmar que Roger Campos Munguía ha escrito uno de los poemas más precisos sobre Mérida moderna. Sus versos desdibujan la misma ciudad que otros poetas y cantores han mitificado para mostrarnos en cambio los distintos relieves y aristas de nuestra torpeza social. Este poema, que en verdad es un prolopoema a otro gran poema en torno a la ciudad de Mérida, “Emérita”, de Raúl Renán, sobre todo en su segunda parte, cobra una fuerza inusitada que lo hacen asemejarse, según algunos críticos, a aquel poema de Octavio Paz titulado “Nocturno en San Ildefonso”.

Los versos finales: “en el norte: la felicidad disfrazada /en el sur: la felicidad degradada /dos flechas irreconciliables /sin brújula que las señale / el odio y el odio / el desprecio de unos y de otros /todavía /todavía.”

En otras palabras, Roger Campos Munguía es un poeta que tanto podría aportar a los distintos procesos literarios que se gestan en nuestra entidad.

Pero ¿dónde estará el poeta?

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