Nota casi suicida después de un beso


Es inútil. Nadie podrá recrear la textura ni el color de aquel instante cuando una noche, de la nada, súbitamente apareció y ocurrió el contacto. Estos encuentros inesperados con ella, el Ángel, sólo pueden ocurrir cada cierto período de tiempo. Bastará decir que la última ocasión, hace aproximadamente 65 millones de años, ningún ser vivo sobre la tierra se mantuvo en pie.

Después de aquel furtivo encuentro confieso que de mí queda muy poco, como si su belleza y el fulgor que la acompañan se alimentaran precisamente de almas tomadas por la incertidumbre como la mía. Soy una copa vacía en el vacío. Ella en cambio, llena de luz, es un cuadro que solo Veermer pudo pintar.

Sí, temo por mi vida, pero nada importa. Y daría hasta el último latido de este corazón amenazado si estuviera en la hora y el lugar precisos de su próximo beso.

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