Odas como flores


Un parecido a Sancho

Honor y pleitesía

Honor y pleitesía

¡Oh gran ejemplo de mediocridad andante!, el mismo quien sin lugar a dudas se comería hasta la cáscara de un plátano para no desperdiciar ni un solo gramo; al que le brillan los ojos con fulgor cuando encuentra una moneda de tostón en medio de la calle; ni qué decir cuando recibe una  invitación para deleitar el paladar siempre tan exquisito e invariablemente dispuesto…

Deberían, por decreto oficial, instaurar un día donde a toda asta y con trompetas, se te rinda honor y pleitesía, ¡oh gran testarudo de testarudos, oh gran traidor de lo esencialmente humano! Porque a tu lado los desiertos son cosa de niños, y los glaciares verdaderos hervideros de locura, no un homenaje sino mil monumentos habría que erigir para recordarte.

Si los grandes héroes y personajes de la historia hoy son posteridad hecha a caballo, a ti habría que montarte sobre un burro de por vida como a Sancho, aunque no compartan ninguna otra virtud sino solo la panza que de tanto poquitear se ha ensanchado tanto como un suncho.

A ti, oh gran poquitero, estas melódicas flores que sólo intentan exaltar el rigor de tu conocida y multicitada testarudez.

A la estulticia

En el envés de la audacia, la podredumbre de lo mundano. El hambre, la sed, la necesidad elemental de sentirse superior porque sí. ¡Dios salve y prodigue de ventura a los malos gobernantes! ¡Dios los exima del escrutinio público! Ellos –los malos gobernantes– que han nacido con una cebolla en el aliento, ellos que han sacrificado la paz de sus familias, y como diría Cabral, hasta el entretenimiento y satisfacción de las conyugues, con todo y pastel de cumpleaños.

Deleite

Deleite

A los malos gobernantes no se les olvida nunca, son una presencia decidida y persistente. No se les recuerda con añoranza como al primer beso sino más bien como a una enfermedad venérea en el verano. Por eso no basta un obelisco ni una placa con su nombre y letras de níquel azulado. Más valdría hacer un hemiciclo, una rotonda, una obra de arte si es preciso.

¡Oh, malos gobernantes! Para ustedes un Partenón es un jacal. Recubran de mármol la memoria de sus acciones nefastas por las que serán recordados. Revistan de sedas la insensatez de sus sexenios. ¡Recubran de oro la malignidad! Es lo menos que por ustedes puede hacerse. Porque para los que besan con deleite y dedicación el brillo de sus anillos, ya se les construye la Estela de Luz…

Magnánimos “curious”

Dios los hace y algo los une, pero su caminar es como un levitar entre las nubes. Para ellos cualquier estela es apenas un mínimo de reconocimiento. Por eso mi canto se eleva impotente ante tanta grandeza. ¡Oh, magnánimos entre los magnánimos, apenas mi escritura puede intentar una alabanza, una oda a su magnificencia!

Tanta pompa, tanto no me mires ni me toques, tanto no me hables ni me pidas… ¡Oh, magnánimos, magnánimos, nada podrá igualar el espíritu más ruin que los caracteriza! No habrá escultura posible, obelisco alguno, o rotonda que los santifique.

Sólo esta oda como una flor que en medio de la nada levanto, que en medio de la nada recuerda, que pase lo que pase, aquí estaré cantando.

Anuncios

¿Qué piensas? Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s