Escritura apocalíptica volpiana: “Días de ira”


Narraciones en tierra de nadie

El libro de ficción más reciente del escritor mexicano Jorge Volpi compila tres relatos publicados en años anteriores por separado, y que ahora aparecen juntos bajo el sello de la Editorial Páginas de Espuma con el título “Días de ira. Tres narraciones en tierra de nadie”. Estas historias, según el mismo autor, no son ni cuento ni novela sino relatos de media distancia. En el prólogo señala “un cuento largo es, casi siempre, un mal cuento, si se aspira a rebasar las cuarenta o cincuenta páginas, es porque la trama rompe ya con (la) unidad que persiguen los cuentistas”. En cambio “una novela corta es, casi siempre, una historia larga que ha sufrido una amputación o una herida”.

En un intento de precisar, Jorge Volpi menciona como “ejemplos supremos” de la media distancia a “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo y “Aura”, de Carlos Fuentes en el ámbito mexicano. También cita “La metamorfosis” de Kafka, “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”, de Louis Stevenson, “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, entre otros libros. Lo cierto es que los ejemplos anteriores más que aclararnos eso de “la media distancia” nos deja en un mar de incertidumbre. Definir si aquello es o no una novela, un cuento largo o corto, o bien, un frankestein literario, es cosa que poco interesa al lector que busca hacerse de una buena lectura. Y este libro lo es.

Volpi ofrece tres historias –textualmente– alucinantes y, por qué no decirlo, divertidas. En un registro narrativo opuesto a su “Trilogía del Siglo XX” (lenguaje adusto ante los temas históricos), u “Oscuro bosque oscuro” (novela en verso), “Días de ira” transita con un lenguaje moderado donde el principal motor de fuerza son las historias que se narran.

El primer relato es un estallido poético en todo sentido. “A pesar del oscuro silencio” cuenta la historia de un Jorge (el narrador) obsesionado con la biografía de un poeta mexicano del siglo XX, Jorge Cuesta (1903-1942). El paralelismo que traza el narrador con la vida del poeta veracruzano, nos sumerge en un relato de desvaríos y juegos narrativos. Tres Jorges (Volpi, el narrador, Cuesta), y una locura compartida. Jorge Volpi alimenta esta confusión con referencias extraliterarias que hacen suponer que el narrador es él. Este juego más adelante lo veremos implementado de manera magistral en “El fin de la locura”, la segunda novela de su “Trilogía…”.

“Días de ira” es el segundo relato. Aquello de <quién escribe a quién>, continúa, sólo que ahora exclusivamente sobre el texto. La vida casi perfecta del protagonista se ve trastocada cuando una mujer llega a su vida y detona en él una serie de oscuras fatalidades psicológicas. Sobresale aquí, y lo escribo aún con una sorpresa inaudita, el acertado manejo del erotismo que en Jorge Volpi, después de varios libros, es novedad, y que en el caso de este relato se vuelve un personaje más de la ficción.

“El Juego del Apocalipsis” es el último relato del libro, en él se encuentran las claves para comprender estas narraciones en tierra de nadie. El protagonista y su pareja viajan por azares del destino a la isla de Patmos, lugar donde celebrarán la llegada del nuevo siglo en medio de las ancestrales creencias del fin del mundo. Su relación se verá afectada cuando formen parte de unas extrañas reuniones que un singular grupo de turistas organiza para reflexionar en torno al Apocalipsis que escribió San Juan en ese mismo sitio.

A la manera de San Juan

Con puntadas exquisitas de humor, Jorge Volpi hilvana una tremenda historia sobre la caducidad del amor y la legitimidad de nuestras relaciones personales. Tanta atención prestamos a ciertas cosas irrelevantes (como el fin del mundo) que nos olvidamos de otras tan sustanciales como la camaradería de pareja o la comprensión. Por eso uno de los personajes, dirigiéndose al protagonista afirma “cada día se acaba el mundo, querido amigo. Y nosotros asistimos a su deceso sin inmutarnos. La muerte es un ritual cotidiano. Las relaciones humanas sufren el mismo destino. No hay que esperar terremotos, plagas o incendios: ocurren todos los días, cada hora. Sin que apenas nos percatemos”.

Jorge Volpi recurre a la definición original de la palabra “apocalipsis” que en griego significa “revelación”. Y así, encubierto con uno de sus personajes, afirma: “sólo se puede revelar lo que está oculto, algo que está ahí, cerca de nosotros, o incluso en nosotros”. Si bien, para este acto de revelación es necesaria la intervención divina según la creencia cristiana, si “dios le arrebata el velo al profeta para que vea el sentido de la historia”, en el caso de este libro profano, la escritura funge como ese ente “divino” que arrebata el velo de cada uno de los personajes que confluyen en esta tierra de nadie.

Libro alucinante y divertido, “Días de ira” propone una pertinente reflexión sobre la indiferencia que diariamente nos profesamos, convencidos muchas veces, de que somos un todo inamovible. Pero sobre todo ignorando con total alevosía ese otro yo que nos habita y que está siempre a la espera del instante apocalíptico para detonar, y acaso, convertir nuestros instantes no en días de ira sino en la furia misma

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