Primavera en abril


Ha sido lo que no hemos esperado: el temblor de la tierra, el agua que se rebela, la destrucción de lo que conocemos. Un terremoto restó un par de segundos a nuestras vidas. Fue el de Chile, el de Japón, ya no sé. Segundos menos, qué se yo. Tenemos cada vez menos tiempo y el día acaba. La ciencia en pañales: se reporta una alteridad en nuestro horario. Seguimos despertando con la misma intención de realizar nuestros sueños. Pero ¿Qué sueños pueden esperarse en medio de la incertidumbre?

La primavera –dicen los más sabios– comienza ahora en abril, el siete para ser preciso, es decir, ayer. Será que al sol lo sedujo la pereza pero ahora las flores muestran una preocupante demora antes de abrirse y dejar sus pétalos dispuestos al ardor. Será nuestro paso acelerado, el aipod de la vecina a todo volumen, la demagogia de un par de meditabundos, la mal llamada democracia, qué se yo, pero la primavera ha sido desleal a lo acordado, dato preciso, estremecedor. Y el 21 de marzo de no ser por otras efemérides sería indistinto.

Gatos, abejas y conejos, mariposas que se resisten a cambiar. Es abril. La tarde que se pone después del ajetreo cotidiano, la savia que nos mueve. Un millón de estrellas que repican desde lo más viejo, ¡lluvia de estrellas!, exclaman los más sabios. Y sólo estamos mirando recuerdos. Un recuerdo la noche, esta situación donde escribo, isla o península, cratón vagabundo donde estoy, un país que no se parece a otro en nada pero que al mismo tiempo es la congoja. Y la primavera que aparece, muchas noches después, germinando de una admirable Margarita de cabellera tan larga como la fiebre. El siete, ya lo he dicho. Avisen al crepúsculo, es tarde ya para dar explicaciones. Dogma la paciencia y dogma la intuición: PRIMAVERA ES ABRIL.

Escribo desde la desolación. Escribo desde no esperar nada, ni un aplauso, ni un rumor. Tengo testigos de que la noche me ha encontrado blandiendo un lápiz y un papel esperando detenerlo todo. Pero nada se detiene… y es inútil, sólo tengo mi voz contra la incertidumbre, este pedazo de tiempo que un temblor seguramente acortará el día menos pensado.

Diapasón la resina que enternece el lagrimar oculto de la memoria. Mar, mar, delirio ¿qué tienes hoy para decirme? ¿De dónde vendrás con tu salinidad a cuestas, con tu torbellino cefalópodo? En abril miro al cielo de la marcha y la protesta, flores que la primavera encendió a gritos, llanto germinal, hoguera de infortunio. Es tarde para dar explicaciones. Es tarde ya para la guerra.

Y abril, que en serenas lilas llega, en comprensivos alcatraces y magnolias, rosas que la madrugada cultivó en el ser o no de la paciencia, la primavera toda, la primavera tanta. Tenemos cada vez menos tiempo y el día acaba. Será que llevo una caléndula en el pecho, pero también un florilegio de ojos verdes que cada madrugada vela por la infancia que no deja de correr. Es tarde, lo repito. Pero nada importa.

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