Rayuela región cuatro


"...y si nos ahogamos en un breve absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella."

 

Y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa,

convencida como yo de que un encuentro casual

era lo menos casual en nuestras vidas.

J.C. Cap 1.

.

Y comencé a escribir una tercera carta que nunca terminaría porque la realidad nos sorprendió platicando en una de las bancas del parque, hablando de Nietzsche y del eterno retorno, mientras veíamos a los pájaros acercarse a la fuente para remojar sus alas. Y esa tarde, cuando recién volvías de tu viaje, el viento arrullaba los árboles de un lado a otro mientras las nubes ocultaban lo que del sol quedaba. Ya no recuerdo el día pero sí los ojos de las cosas que nos miraban, conmovidas en su estática, perplejas de emoción. Porque otra vez el encuentro. Porque una vez más el diálogo. Porque estábamos ahí, embonando nuestro presente, lejos del pasado, y casi –eso intento desde entonces– sin pensar en el futuro. Y nos despedimos con un abrazo que el instante –recuerdas–  celebró con una lluvia ligera.

*

El instante. Perderse en el río Sena que es Piedra de Sol, poema profundo de aliento y de entrañas. Tratar de reconocer mi reflejo en sus aguas y sus noches. “Un siempre estar ya nada para siempre, / cada minuto es nada para siempre”. Amanece otro instante en el borde de tu boca y desde allí escribo. Paz se adelanta: “El mundo cambia cuando dos se besan”. Algo hay de cierto en esto de vivir cada instante porque siempre es la sorpresa, como cuando apareces de la nada y dices algo –cualquier cosa– que nos hace reír de oportunidad. Pero a todo esto, aún cuando sea lo más preciado, tengo que morir cada día. Un instante que se ahoga en otro.

*

Canta Sabina una canción: “En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”… Y sin embargo, nunca nos hemos ido.

*

Esta ciudad es un libro abierto. Llámese como se llame. Recorro sus páginas con unos zapatos tristes de roídos. Alguien los verá con asombro. Pero mi caminar es “un caminar tranquilo / de estrella o primavera sin premura”. Y nada importa sino este instante donde fumo la misma canción: “por mis sueños va, ligero de equipaje, / sobre un cascarón de nuez, /

mi corazón de viaje”… Esta ciudad es un libro abierto. Y sobre la blancura de sus páginas aún quedan muchas líneas por escribirse.

*

Ahora entiendo todo. El tercer día de este mes, cuando apareciste, hubo lluvia de estrellas, “ronroneo estelar”, hablando en términos es-tric-ta-men-te felinos. Este encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas. Onfalia que había saltado al cosmos, Onfalia que se había hecho parte del universo, ahora regresaba en forma de una estrella, no sé si de mar, de río o de ciudad, pero estrella. “Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento contra mí como una luna en el agua.” Un instante que se ahoga en otro.

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