Vacilar el punto


Atracción de los abismos

Resulta muy curiosa esa expresión tan coloquial “vacilar el punto”. Parecerá broma, pero es parte de nuestro repertorio cotidiano hacer uso de esta alocución que, al tratar de definirla, nos conduce a otras frases igualmente parecidas y sin sentido. Porque vacilar el punto bien puede entenderse como “hacerse al mismo” (?) y otras frases de igual calaña que nos mantendrían persiguiéndonos el rabo hasta el infinito, por lo que llanamente podríamos decir que “vacilar el punto” no es otra cosa que perder el tiempo con alevosía.

Masha Kuznetsov, en su libro más reciente “Retórica de lo inaudito” (St. Petersburg Publishing House, 1989), señala que “más allá del aprendizaje cultural –donde la lengua funge un matriarcado absoluto– existe una necesidad de economizar la expresión verbal del pensamiento ante momentos donde la realidad no ofrece otra disyuntiva que la refundación de la oralidad misma” (pp. 472).

Si bien Kuznetsov basa su estudio en las frases y dichos rusos durante los regímenes autoritarios, “vacilar el punto” –guardando las proporciones debidas– podría interpretarse como esa necesidad de encubrimiento y defensa ante la mirada de los otros, aunque conociendo esa moral mexicana de culpa perpetua, más bien equivaldría a una exculpación anticipada por perder el tiempo.

Una disección de la frase poco ayuda ante las múltiples posibilidades de cada una de sus partes. Pese a la aparente sencillez, la complejidad no se encuentra en la conjugación del verbo sino en el objeto directo. ¿A qué punto nos referimos cuando vacilamos el punto? Y es que al recurrir a esta frase no nos referimos a alguna acción en específico ni en determinado espacio, sino únicamente a la acción misma independiente del contexto que sea.

Pruebas concluyentes

En un infructuoso rastreo del uso de la frase “vacilar el punto” dentro del habla popular, lo único que podemos concluir es que eso de perder el tiempo es algo que data desde la prehistoria misma. El arqueólogo galés Thomas Davies describió que, en uno de los grabados rupestres encontrados en la cueva de Vilhonneurde en Francia, se muestra la silueta de un hombre con la mano en el ombligo mientras el resto del grupo realiza labores de cacería.

Vacilar el punto parece ser una práctica milenaria aunque seguramente era llamada de otra forma. A ciencia cierta, actualmente sabemos que vacilar el punto, como dijimos al principio, tiene que ver con perder el tiempo, pero no hay una acción específica que lo avale. Por ejemplo, cuando una maestra reprende a un par de alumnos por no hacer la tarea, dice: “seguro estuvieron vacilando el punto”; o bien, cuando le pregunto a alguien que es lo que hará en las próximas horas responde “vacilar el punto”, aunque esto signifique únicamente rascarse el ombligo.

¿A qué nos referimos con vacilar el punto? Insisto ¿Cuál es ese punto misterioso al que hacemos alusión y porque el vacile? ¿Por qué no decir simplemente, “no hay nada que hacer así que dejaré que pase el tiempo”? Sin embargo, esa frase tan usada comprende variedad de significados.

Quizá en este mismo instante, mientras usted lee, esté vacilando el punto, porque debería estar trabajando o haciendo algo de necesaria importancia. Y es que a veces, sobre todo cuando uno se acostumbra a ciertas rutinas, sucede un cambio súbito –como podrían ser las vacaciones, por ejemplo– y uno no encuentra otra cosa mejor que hacer. Entonces “vacilar el punto” se asoma como la posibilidad más verídica de nuestra malograda existencia.

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