Hambre de sueño, hambre de vida


Entrevista a Mario Carrillo Ramírez-Valenzuela

 

Mario Carrillo Ramírez-Valenzuela: “Fama y fortuna son adyacentes que no enriquecen una obra”.

 

Si algo ha padecido la poesía a lo largo de estos últimos años es el ego descomunal de quienes sin hacer un solo verso se autoproclaman poetas, o bien, aquellos que movidos por el compadrazgo, la malignidad o lo que fuere, se dedican a cultivar a los demás fomentando el cinismo y la mediocridad. Lo mismo sucede con ensayistas, narradores, cuentistas, y un largo etcétera que para desgracia ha contribuido a opacar la vida cultural.

Es gratificante encontrar nuevas perspectivas de la literatura y del acto de la creación literaria. Tuve la oportunidad de entrevistar vía correo electrónico a un joven estudiante de letras, escritor en ciernes, yucateco de origen, y que actualmente radica en la ciudad de Xalapa ávido de conocimiento y lecturas, pero sobre todo, de ese otro aprendizaje que sólo la vida ofrece. Su nombre es Mario Carrillo Ramírez-Valenzuela, y hace algunos días obtuvo el Premio Universitario de Poesía “José Emilio Pacheco” con su poemario “Cuaderno de bitácora”. Aquí presento algunos fragmentos de dicha plática.

Quizá es ociosa la siguiente pregunta, pero es elemental en estos tiempos de pesadumbre ¿Para qué la literatura? ¿Para qué puede servirnos algo que apenas es valorado por unos cuántos?

“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que salga del Hombre. Sirve, desde su trinchera, como sirve ir al terapeuta, hacer ejercicio físico, escuchar música, alimentarse y dormir. Si te falta algo de eso, estás jodido. Creo en la literatura y aun en la gente. Si no es valorado hoy, chance lo sea mañana. Lo que me queda claro es que la literatura va a morir con la extinción de la humanidad. Fama y fortuna son adyacentes que no enriquecen una obra”.

Las nuevas tecnologías y las actuales dinámicas culturales parecen excluir a la literatura de este presente tan absurdo. ¿Por qué seguir utilizando un medio como la poesía para expresarse en pleno siglo XXI?

“Para mi tío Antonio el arte es una actividad en la que predomina el egoísmo. Todo tipo de poesía, de buena poesía, está hecha para satisfacción personal, incluso la social. El que escribe, al no encontrar en el mundo o en otros libros lo que busca: amor, justicia, belleza, sexo, etc., realiza una labor demiúrgica para darle existencia a sus carencias y solución a sus problemas. Por ello, la creación poética (y artística) continua siendo utilizada, es una necesidad imperante como comer (de nuevo llenar un vacío). A veces pareciera que el mundo es un lugar miarderísimo, pero la literatura está ahí para salvarnos. Y no digo esto como si el arte fuera enajenación, al contrario. El arte es la verdadera superación personal, la trascendente. Así lo entiendo yo, probablemente en el futuro cambie mi concepción o quizás no”.

La noche ha sido un tema recurrente en la poesía de todos los tiempos. ¿Qué tiene la oscuridad de poético o por qué esa insistencia de los poetas en recurrir a ella para exorcizar sus demonios?

“No es la noche, es el cielo. No es el mar, es el agua. Estos elementos son inherentes en el ser humano, creo que es imposible eludirlos. Borges afirma que sólo existen, apenas, una docena de metáforas. Además somos seres diurnos, la noche nos parece extraña. En ese sentido la noche es como una hermana que no hemos visto en años”.

Noto un cambio sustancial en este último poemario,  aunque el título deja mucho que desear. Sin embargo, siento que en este poemario podemos ver a un Mario Carrillo más íntimo y abierto a las emociones. ¿A qué cree que se deba esta transformación en ti y en muchos escritores de tu generación?

“El título del poemario es un asco, al igual los textos que están contenidos en él. Escribo, pero no soy un Escritor, estos son puros ejercicios. Son sinceros o intentan serlos. Leer, leer compulsivamente, escribir compulsivamente, vivir a conciencia: pienso que esa es la fórmula para llegar a crear literatura de verdad a los sesenta años. No importa si recorres el mundo o nunca sales de tu casa, Lovecraft era casi un anacoreta y eso no lo limitó a organizar un universo. Al final ese arduo entrenamiento probablemente nos lleve, en los mejores casos, a escribir un buen párrafo o un sólo verso trascendente”.

Parece que los intelectuales de nuestro siglo son más una especie de remake o pastiche de aquellos tiempos donde nombres como ALFONSO REYES u OCTAVIO PAZ se escribían así, con mayúsculas. ¿Se puede decir que las actuales generaciones son huérfanas en ese sentido? ¿La necesidad de prestigio acabó con la inteligencia de nuestro tiempo?

Alguno habrá, pero lo desconozco. Probablemente han decidido mantenerse en la sombra, sus razones habrán de tener. En Mérida yo solía leer algunas columnas del POR ESTO! no sé si sean intelectuales. El intelectual es como la conciencia, así que, creo, el mejor intelectual es uno mismo. No creo mucho en lo que dice nadie.

"Fuera de lo académico, lo que he aprendido es para mí y me sirve sólo a mí"

Algo que al parecer se ha vuelto una premisa en Yucatán es el éxodo de algunos escritores yucatecos que a la larga, han alcanzado cierto reconocimiento fuera del estado. El caso más significativo es Juan García Ponce, pero ahí están Raúl Cáceres Carenzo, Raúl Renán y Agustín Monsreal. ¿Por qué cree que este fenómeno sigue persistiendo?

“Sigue persistiendo porque es casi una ley de la vida. En todos lados uno siente la necesidad de conocer otros modos de pensar y vivir. Eso es lo que significa, microscópicamente, salir de la casa paterna. Es exactamente lo mismo, sólo varía la intensidad y profundidad con la que se hace. La razón por la que emigré de Yucatán fue porque surgió la oportunidad de estudiar en la Universidad Veracruzana, escuela de amplia tradición educativa y artística. En mi experiencia, las carreras de literatura en Yucatán se están formando. Cursé cuatro semestres en la Universidad Modelo y tuve un trato de lo más cordial, así como excelentes maestros, pero no llenaba mis inquietudes sobre todo por la falta de compañeros con los cuales intercambiar y enriquecer opiniones. Ahora, yo vine a Xalapa porque consideré que era lo mejor para mí, pero no creo que sea el único camino para procurarse una buena formación”.

¿No hay garantías en el estado para una producción literaria de calidad?

“No hay garantías en casi ningún estado para una producción literaria de calidad: por un lado, la educación escolar y familiar se encarga de confundir y ahuyentar a los que sienten una vocación artística. La situación económica, por otro, no le permite a mucha gente tener acceso a libros. Las bibliotecas y el internet pueden satisfacer un poco esto, pero no son suficientes. Desde mi asiento de clasemediero puedo decir que los literatos se cuentan con los dedos de la mano. El joven clasemediero está más interesado en tener dinero en el bolsillo, codearse con los riquillos, entrar al antro de moda, figurar en las revistas de sociales y estudiar una carrera que le asegure una vida cómoda que alimentar su cerebro y su alma. El gobierno y los partidos políticos promueven eso en sus ligas juveniles. No obstante, la naturaleza encuentra su camino y existe, no en la cantidad que quisiéramos, buena literatura en Yucatán”.

¿Qué es lo que hoy, debido a su experiencia, puede afirmar con sobrada seguridad?

“Fuera de lo académico, lo que he aprendido es para mí y me sirve sólo a mí”.

Transcribo los últimos versos de este poemario recién premiado. “La noche  marea inevitable derrumba los muros del día / es una caída ingrávida y luctuosa que reviste al viaje / como una herida tibia e inextinguible / hambrienta de sueño”. Hay en los versos de Mario Carrillo, y desde luego, en sus palabras, una visión fresca que va más allá del ego y las vanas pretensiones. Atento a la realidad que lo circunda, su anhelo de aprendizaje y el hambre de poesía que lo acompaña, no es otra cosa que la celebración de la vida.

Siempre se habla de lo importante que resulta la honestidad en el acto creativo, no es un discurso fortuito. Se trata de emprender el camino contrario a la presunción e indiferencia que de nada nos han servido. Mario se llena los bolsillos de una poesía sincera y su aprendizaje se traduce en versos de mucha vitalidad: “Sigo el sendero salubre de los zapatos, /guiado por el ruido de la calle en una ciudad que no es Ítaca, /pero da la bienvenida con pan y eso basta”.

Y en efecto, eso basta.

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