Vivir como si todo hubiese de retornar


Una breve pero sustancial enseñanza que nos dejan las relaciones humanas es la intimidad que de ellas surge. Las anécdotas que día a día vamos cultivando en nuestras relaciones personales conforman un espacio propio que tenemos que defender a capa y espada.

Si bien la globalización ha acaparado el ámbito público y ahora se enfoca incluso sobre lo privado, la defensa de nuestra intimidad es una tarea imperante, digna lucha contra la deshumanización de nuestros días.

Esta reflexión sólo puede llegar después de recordar que UNO: la vida transcurre una sola vez, lo que representa que cada uno de nuestros actos adquiere suma importancia a raíz de esta terrible fugacidad.

Friedrich Nietzsche al abordar este sentido trágico de la vida, encuentra en la idea del eterno retorno la estoica alternativa para no sucumbir ante la aterradora realidad de que vivimos para morir. Si pensamos en el tiempo como algo cíclico y suponemos que en él nada sucede por casualidad, concluye el filósofo alemán, que “todo debe repetirse exactamente”.

Tomar esta idea como premisa de vida nos lleva a concluir, por nuestra parte, que todo lo que hoy hagamos lo volveremos a repetir una y mil veces para siempre, lo que nos coloca en el momento justo de decidir qué es lo que queremos repetir para la eternidad.

Por eso la cotidianeidad, la cosificación y el individualismo no pueden regir nuestras decisiones, pues entonces cabe el inminente peligro de autocondenarnos a vivir constantemente lo que no deseamos.

Vivir como si todo hubiese de retornar. Ya la conciencia de la muerte y la fugacidad no angustiarían nuestra existencia y los días que se van, volverían tal y como deseamos vivirlos.

El escritor checo, Milán Kundera, en su novela “La insoportable levedad del ser”, aborda esta misma problemática e incluso profundiza en las variantes que la suposición del eterno retorno puede albergar.

Y DOS: asimilando lo anterior y después de conocer a todas las personas que conocí a lo largo de estos dos años, puedo decir que cada noche de espera, de subir y de bajar, de reír y de apresurar, de gritos y locura, de bromas y desmesura, de arduo trabajo y dedicación, de clonaciones clandestinas y consecuente santificación, de históricas remembranzas (abajo), de tensas jornadas (arriba), pero sobre todo de estoica entrega y aprendizaje (arriba y abajo), las volvería a vivir, una a una, tal y como cabalmente, hasta hoy viví. Una y mil veces más.

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