Inocente soberbia


Se puede decir que el “cuchillo cebollero” es un tópico en la sección policíaca de cualquier periódico, al menos en México. Arma blanca por excelencia, miles de notas conformarían una vasta enciclopedia sobre su peculiar uso que va más allá de cortar liliáceas.

No hay sección completa de policía sin nota roja que implique al “cuchillo cebollero”. No hay “cuchillo cebollero” que se deslinde de una riña entre carniceros, taqueros o proxenetas. El “cuchillo cebollero” es habitante común de los mercados o del centro y periferia de las ciudades. No habrá puesto de birria que prescinda de su filo alucinante, ni un trompo de carne al pastor que lo desaire.

Estoy seguro de que Jorge Luis Borges, de haber sido mexicano, hubiera titulado a su cuento breve “El cuchillo cebollero” en vez de “El puñal”. Entonces las 196 palabras que conforman su magistral relato estarían encaminadas a configurar su fisonomía, su ambigua insolencia. En las primeras líneas leeríamos: En un cajón hay un cuchillo cebollero, y terminaría magistralmente, como sólo Borges: A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles. 196 palabras, como estas, hasta aquí.

Es el mismo “cuchillo cebollero” que asistió el asalto de una persona en Tenosique, el que por unos instantes puso en la misma balanza el valor de una vida con el de un teléfono celular. El mismo, incluso, que días atrás terminó con la vida de un mesero en esta península que no se parece a otra.

Es así que el “cuchillo cebollero” envalentona al más osado de los apacibles, al más insulso de los hombres, a cualquiera que lo empuñe con la cólera ambidiestra de la rabia, elevándolo indiscutible al cielo megalómano de los dioses iracundos.

El “cuchillo cebollero”, por su alcance letal, tenía que se ser nombrada arma roja en vez de blanca. ¿Cuánta sangre ha derramado su filosa desnudez, cuánta demencia sobre todo? Y sin embargo, la insistencia de su blancura proviene de épocas medievales. Desde aquel tiempo se decía que los caballeros iban “armados de punta en blanco”, haciendo referencia de la espada o lanza que sobresalía sobre la armadura de hierro o bronce. Así se iban a sus batallas campales, con el arma blanca a la vanguardia, listos para atravesar el pectoral más defendido hasta encontrar el corazón y destrozarlo.

Temeraria desnudez la del “cuchillo cebollero”. Aún así, se insiste en que las muertes por arma blanca, son cada vez menos en estos tiempos de violencia. No obstante, ningún cuerpo hallado a la vera de cualquier río, ninguno de los cuarenta y nueve balazos de AK-47 que haya recibido cualquier narcomenudista, ninguna cabeza abandonada a las puertas de una jefatura policíaca, podrá suplantar la nota roja donde el “cuchillo cebollero” fue protagonista inobjetable. Basta acudir, insisto, a la sección policíaca de cualquier periódico para corroborarlo.

Mientras tanto, antes del amanecer aún se escucha en cualquier mercado la fricción de los metales cuando más de un “cuchillo cebollero” renueva el filo de su hoja de acero para emprender su labor cotidiana. Y los sonidos de la zampoña con que el afilador se anuncia por las calles del barrio, hacen vibrar la inocente soberbia de un “cuchillo cebollero” que paciente aguarda en un rincón de la cocina.

Tengo que confesar que hay madrugadas, cuando salgo del trabajo, que la centelleante luz de la hoja de un “cuchillo cebollero” me acecha impune desde la oscuridad más turbia. Me aferro entonces, al incierto paso del destino y, hasta hoy, es por eso que todavía regreso a las páginas del periódico, para encontrar la nota roja que dé cuenta de un “cuchillo cebollero” que segó los sueños de alguien que nunca fui.

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2 comentarios en “Inocente soberbia

  1. Mario Tejada dijo:

    Excelente nota. Tengo que confesar que a mí también me ha perseguido, hoy en día hasta en la radio y la televisión lo alcanzo a ver.
    Saludos.

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