¿Qué le digo a la muerte?


Hace tres años entrevisté por estas fechas de finados al Dr. Gaspar Baquedano López, hablamos, desde luego, sobre la muerte. El motivo de la entrevista fue abordar el tema desde otras perspectivas; y bueno, la aguda visión del Dr. Baquedano nos llevó por territorios inhóspitos y radicales pero de total congruencia ante un proceso vital –el de la muerte– que nos resulta doloroso.

No hubiera recordado aquella entrevista de no ser porque entre sus líneas encuentro un esbozo de serenidad que en últimas fechas tanto ha necesitado quien en menos de seis meses perdió a dos personas tan queridas y cercanas. No hubiera pensado en esa entrevista de no tener a la muerte respirando de cerca, puntual recordatorio de lo fugaces que somos, de que la vida, sólo una vez.

Hace tres años, mientras entrevistaba al Dr. Baquedano sobre el suicidio, la diosa Ixtab, la tanatalogía entre otros temas, y con azoro escuchaba sus respuestas, jamás supuse que en sus palabras encontraría algo más que estoicismo, pero sobre todo, un firme argumento para comprender la muerte. Una entrevista que por cierto, se me hizo difícil, no sólo por el tema, sino porque el entrevistado me contestó casi todos mis cuestionamientos en la primera respuesta.

Le pregunté casi al final de nuestra charla cuál debería ser nuestra postura ante la muerte. Serio, ecuánime en su manera de hablar, me respondió: “No tengo una respuesta de cómo sería nuestra postura ante la muerte. Es algo que todos tenemos que trabajar. Hay que entender: más que una postura ante la muerte, es una postura ante la vida. La vida de hoy, aquí y ahora. ¿Cómo es mi calidad de vida?… La muerte es una construcción mental, la muerte, en sí misma, no existe como tal. Nuestras representaciones imaginarias son: “la muerte te va a llevar”, “ya te llegó tu hora”, es decir, la muerte es visto como algo externo, como un intruso que llega a tu vida, te toma y te lleva. En ese sentido no existe. Entonces, la única manera de resolver el problema de la muerte, es resolviendo el problema de la vida”.

No obstante, tanto se extraña a quienes se han ido. Sólo así entiendo que estos dos días recordemos a la muerte y también a quienes ya no están físicamente. Por lo demás, restan 363 días para vivir con todo lo que implica esto de despertarse diariamente para entrar a este caótico mundo de hechos y voluntades encontradas. El asunto es vivirlo, mil veces aquí que en cualquier parte. Como dijera Benedetti, siempre estaremos más seguros de la tierra que pisamos que del cielo intratable que nos ignora.

Queramos o no, irremediablemente la vida, como la muerte, nos convoca.

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