Balada del peatón y un mambo a la melancolía


A C., por el horror.

Oye como va:

Pata de perro, suelas gastadas, cayos al alba, juanete contra juanete: no soy más que un peatón. No soy más que el paso siguiente, el que luego viene y el que siempre llega sólo después de que una huella cedió al asfalto su memoria, al polvo su testarudez. Voy y vuelvo por todos los caminos vuelvo y voy por este mi destino sin nombre ni apellido.

Mírame aquí, cansado, con las canas del sol sobre los hombros, con el calor reventando en mi frente sus sonidos. Es mi pecado andar, son mi vicio estas sandalias que transitan por la rabia y el miedo atrabancado en las costillas. Mírame aquí, caminante o peregrino, por la vida recorriendo las avenidas del absurdo, el camino blanco, las veredas turbias de esta carretera de los años. Porque mi memoria también transita los callejones del recuerdo, voy con la sonrisa más triste y definitiva que en ningún otro momento.

Hace siglos que camino y no puedo llenar las huellas de mi infancia con la intensa libertad de mis pantalones cortos. Hace siglos que mi nombre se repite en la boca del viento, en la áspera mirada de la vejez. Juanete contra juanete no me detendré porque es el movimiento la única causa de esta condena.

Peatón del tiempo y del espacio, peatón de la estulticia y el desprecio, llevo los ojos clavados en las puntas de mis pies, en las gastadas suelas del insomnio. Peatón de la avaricia y el egoísmo, de la violencia y el estrago ¿dónde mis pasos encontrarán el equilibrio?

Hay una sombra que camina a mi costado y es noviembre. Es noviembre y mi costado lleva un corazón que estalla en emociones y recuerdos varios. Este es un mambo a la desolación, este es un mambo a la nostalgia siempre venidera.

Si Pérez Prado hiciera sonar de nuevo las trompetas, si Tito Puente los timbales, se escucharía un largo mambo de recuerdos y yo estaría bailando entre lágrimas ahogado de memoria porque aún no comprendo el peso de esta nueva costumbre que es la ausencia.

Pata de perro, suelas gastadas, cayos al alba, juanete contra juanete: no soy más que un peatón. Con este caminar que a veces me hace volver a los viejos sitios donde amé la vida yo continúo los senderos que me depara el tiempo, y sobre todo sigo, paso a paso, por este camino de palabras hasta que la muerte vuelva y diga mi nombre.

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