No es esto lo que duele


A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte.

Juan José Arreola

Hay un libro en la mesa. Hay un trozo de manzana y un fragmento de sol que la tarde olvidó. Vuelco del alma, vuelco del corazón, hay un hombre también que documenta su silencio llenando los ojales de su camisa con botones tan tristes. Hay también unos cordones a la espera. Fue junio. Fueron más de trescientos muertos por el narco y cuarenta y ocho niños entre las llamas. Pero no es esto lo que quiero decir.

Escribo este desorden­

Para decir que no son años sino siglos, para decir que no son centurias sino milenios los que espero, hay que arrancarse los ojos, hay que escupir la lengua y volarse los oídos de una vez por todas, de una vez y para siempre. Se habla, se especula, se amenaza y se desdice, pero los días no dejan de caer como gotas de luz sobre oscuras cicatrices. He aquí un hombre con su garganta lista para hacer que florezca vergüenza en los cuchillos. Tampoco tengo miedo.

Este escribir sin ver

Mi lengua recorriendo varias cicatrices, varios horizontes, dibujando letras en al aire, en la salinidad. Aquí donde yo estuve hubo un fantasma colmado de recuerdos. Sobre una cadera en plenilunio escribo: ella se va. Escribo sin ver, busco, indago, no encuentro sino el desorden de los días y una onfálica nostalgia de placeres. Un aliento marino me atrofia la garganta, me nubla la voz. Si mi memoria hablara se incendiaría el sitio donde estuvimos. La ciudad sería un jardín en llamas, nosotros el incendio.

Había una mujer, un hombre

Memoria: capital de los despojos. Se llevaron nuestros huesos, nuestras calles, nuestros sueños, nuestros votos y nuestras decisiones. Mi pensamiento es entonces una red vacía donde diariamente intento el vuelo, no voy a decir derrumbe. Aunque no hay día sin que pierda las pestañas por tratar de entender cuál es el comienzo, cuál es el fin. En esta ciudad del despojo llamada Memoria había un hombre, una mujer con sueños tan tristes como ciertos. Pero no es esto lo que quiero decir.

Nadie te escucha

Te busco en el sudor, en el gemido, en las mil y una noches invocando tu voz sobrenatural. Me asomo a los precipicios deletreando tu nombre, silabario de sueños, aleph de los días que llegaron como el fuego, que estallaron como el fuego y que ahora sólo son ceniza, está mancha de piedra que traigo en la frente, este fulgor de aquellos días que en mi hombro se retuercen una y otra vez hasta el cansancio. ¿Qué quieres decir, Manuel, si ya nadie te escucha?

Uno ya es otro

De aquellos años sólo queda el silencio. Es posible que después del siguiente punto ya no te piense y me dedique entonces a mirar los muros de este laberinto que fueron tejidos con versos y ocurrencias tan inobjetables; o bien, que mañana me deslinde de este sitio y emprenda un exilio voluntario hacia el insomnio; y no está de más decir, como aquella vez, que aquí la espera ya es lo de menos. Uno ya es otro. Uno no emplea todas sus fuerzas en hacer apologías de un naufragio. Y sin embargo, no es esto lo que duele, ni lo que siempre dolerá. La tristeza es un hábito que a estas alturas ya no se puede esconder.

*Texto basado en “Cuadernos contra el ángel” de Efraín Bartolomé.

Manuel J. Tejada Loría

POR ESTO! Enero 2010

Anuncios

2 comentarios en “No es esto lo que duele

¿Qué piensas? Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s