Escribir, escribir… escribir


He visto, como Allen Ginsberg, las mejores mentes de mi generación, pero ¿qué las destruye? La vida literaria se aleja de todo sentimiento trágico y se asemeja cada vez más a una novela negra donde el suspenso abunda, donde también la simulación. Así ha sido desde siempre, es su naturaleza. Pero la vida literaria es sólo eso, parte de un proceso y no la literatura misma, vinculada para fortuna, a otras circunstancias.

Escribir exige, a la larga, una soledad absoluta, una distancia necesaria del miedo, de la complacencia, del mismo mundo. Es aplomarse el culo, como diría Nietzsche, es enfrentar el abismo de una hoja de papel como alguna vez  refirió Conrado Roche en sus crónicas literarias. A la larga, un texto se escribe desde el rigor del oficio y no desde un estrado, no desde el cultivo, jamás desde la sola inspiración.

Leer y escribir son complemento. Se lee y ya se está escribiendo. ¿Pero por qué escribir? “Escribo porque tengo algo que decir”, expresa José Saramago; “escribo porque deseo exponer alguna mentira o algún hecho sobre el que quiero llamar la atención, y lo que me preocupa, es ser escuchado”, señala Eric Blair, mejor conocido como George Orwell.

El autor de Rebelión en la granja y 1984 encontró cuatro motivos principales por los cuales se escribe: egoísmo absoluto (deseo de parecer inteligente, de ser notado, de ser recordado tras la muerte); entusiasmo estético (placer provocado por el impacto que producen los sonidos, la firmeza de la buena prosa, o el ritmo de una historia bien lograda); impulso histórico (investigar hechos reales y registrarlos para la posteridad) y propósito político (deseo de orientar al mundo en cierta dirección). Todos dependen del tiempo y la circunstancia de quien escribe.

Se piensa en todo esto mientras recorro los pasillos de la feria del libro en los bajos del palacio municipal. Variedad de títulos, temas y visiones. Alguna vez estos libros fueron escritos por un motivo, y su autor quizás estuvo envuelto en polémicas inverosímiles o no. ¿Qué tanto hay detrás de un libro?

Se piensa también en el otro lado de la moneda: el lector. ¿Qué impulsa a una persona para conseguir un libro, para mantenerlo aquí entre los pasillos de la feria, revisando escrupulosamente en cada mesa, como si un tesoro buscara, como si su salvación dependiera de unas cuantas palabras, de una historia, de una ficción? ¿Cuáles son nuestros motivos para leer?

Decía William Faulkner que la voz del poeta no necesita ser simplemente un testimonio del hombre, bien puede ser uno de sus puntales, de los pilares que le ayuden a subsistir y predominar. ¿De esto trata el acto de leer y de escribir, de supervivencia?

Si en algo coincido con Vargas Llosa es que la literatura no resuelve problemas, sino todo lo contrario, y desde luego “que en vez de felices hace a las gentes más aptas para la infelicidad. Así y todo, ella es mi manera de vivir y no la cambiaría por otra”.

Manuel J. Tejada Loría

2008

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