Cada ruptura es un comienzo


Paz categórico: “el pasado no es uno sino plural”. Revisar nuestra tradición literaria, entonces, implica tener conciencia de nuestra heterogeneidad, es decir, de la multiplicidad de voces que la conforman. Se puede negar una generación pero no destruirla, pues precisamente en eso que se niega, radica la fortaleza, el puente que la vuelve tradición. La vanguardia al negar las formas del romanticismo y el modernismo, al tomar distancia de lo que no quería repetir y con lo que quería romper, no sólo sentó las bases de su propio discurso sino que por deslinde, consolidó la tradición del romanticismo, del modernismo, etc., ya que “todo destacar algo –afirma H.G. Gadamer– vuelve simultáneamente visible aquello de lo que se destaca”. La tradición, de esta manera, no opera en el pasado sino que se proyecta en el presente.

Decir que el pasado no es uno sino plural nos ubica en un presente igual de complejo. La diversidad de voces que habitan en un mismo tiempo es una realidad innegable. La máxima evidencia, de entre tantas, lo es esta misma sección cultural donde podemos leer a Joaquín Bestard Vázquez (1935) o Roldán Peniche Barrera (1935), pasando por Manuel Calero (1946), Conrado Roche Reyes (1949), Raúl Rodríguez Cetina (1953), Edgar Rodríguez Cimé (1956), José Díaz Cervera (1958), Jorge Lara (1960), Jorge Cortés Ancona (1964), Hortencia Sánchez (1965) hasta los nacidos en los años 70 como Rodrigo Ordoñez o Tomás Ramos; y en los 80 como José Francisco Castillo, Joaquín Peón Iñiguez o Ricardo Tatto. Ante esta combinación de plumas no está de más detenerse a reflexionar ¿qué es lo que determina a una generación, el natalicio o los objetivos que se comparten en el acto de escribir?

No hay duda de que los analistas del discurso literario que en la actualidad se forman en las escuelas de letras de Yucatán tienen en puerta una gran labor de escrutinio. Si la actualidad siempre va rompiendo esquemas, la noción misma de la palabra “generación” en cuanto a la sucesión lineal que se refiere, es obsoleta: las generaciones no devienen de un pasado inmediato, sino que su procedencia se remonta a momentos más lejanos. Los escritores nacidos en fechas cercanas no necesariamente son afines en objetivos. Por eso es interesante saber con cuál tradición está dialogando Joaquín Bestard, o los novelistas de hoy como lo son los yucatecos Juan Esteban Chávez y Rafael Gómez Chi.

La ruptura de la tradición, más que una moda, es un proceso que si bien se produce de manera natural en los jóvenes no deslinda la participación de escritores con más trayectoria, puesto que la literatura no contempla edad sino cualidad. Desde esta perspectiva, cuestionar las generaciones que nos anteceden no es moda sino una necesidad de saber de dónde provenimos, voluntad fuertemente condenada por quienes pretenden que tanto el pasado, como el presente, no sea plural sino sólo uno, el que ellos pretenden imponer.  Hay que romper con esta idea hegemónica y comenzar una y otra vez, las veces que sean necesarias. Después de todo, cada comienzo es una ruptura en sí misma.

Manuel J. Tejada Loría

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